Fascismo Anal



de Iván Albarracín


   Sí, sí y tan anal…

   En la actualidad parece que disfrutamos dando la vuelta al significado de las palabras, retorcemos su esencia y le aplicamos un sentido que pervierte el sentido original de la misma.

   Cuando, por ejemplo, estás hablando con alguien y das tu opinión (siempre que alguien te la pida porque la opinión es como el culo, todos tenemos una y no me apetece conocerlas todas, la verdad) y entonces, el gilipollas de turno te dice: “eres un fascista”.

   Hostia, que bien, ¿cómo se ha enterado que canto el cara al Sol todas las mañanas, tengo una banderita con el aguilucho en mi habitación y un busto de Franco en el lavabo que me ayuda a defecar mejor?

   Ironías aparte, me parece preocupante la banalización de esa palabra. En teoría, un fascista es un engendro intolerante que no respeta las opiniones los demás y si un energúmeno me llama fascista a las primeras de cambio cuando escucha una opinión que no es la suya, ¿el fascista no será él que reacciona así al escuchar una opinión muy diferente a la que tiene? ¿Qué pasa es el mundo al revés?

   Con toda la movida de Cataluña (que paso ya de hablar del tema, sinceramente y no viene a cuento porque es una cuestión compleja), he escuchado a idiotas llamar fascistas a Serrat o Juan Marsé. Flipé, te juro que flipé. ¿Serrat fascista, que no fue a Eurovisión por qué quería cantar en catalán y se lo prohibieron? ¿O Marsé, uno de los mejores escritores barceloneses que describió esa Barcelona oscura, sucia y decadente del franquismo? ¡Para flipar!

   Esos mismos que los llaman fascistas, han promovido un boicot para estos autores y todo porque no piensan como ellos. Creo que eso podría ser una forma “guay” de fascismo, ¿no? A ver, si hubieran dicho que habría que exterminar a las razas inferiores, podría entender que se les diera de lado, pero han dado su opinión sobre un tema político. Nada más. Porque todos vamos de demócratas y tolerantes, pero seguimos sin aceptar opiniones contrarias a las nuestras.

   Hemos tergiversado tanto las palabras que ya no las reconocemos y aplicamos su significado a nuestros intereses. Sí, es triste, pero es lo que hay porque ese fascismo es un fascismo anal que solo sirve para confirmar lo que ya creemos y deshumanizar al que no piensa como tú y eso, queridos amigos, es el auténtico fascismo.

   Antes de finalizar este artículo, adjuntaré una de las definiciones de fascismo según la RAE:

   Actitud autoritaria y antidemocrática que socialmente se relaciona con el fascismo.

   Así que sacad vuestras propias conclusiones…