El grosor del tronco de la estupidez humanama

de Manuel Gris


   Nuestra sociedad es una puta mierda. Y con eso podría acabar la reflexión, ¿no?
   Cada individuo solamente busca el reconocimiento personal, el enfrentamiento barato, el odio como válvula de escape, el tú tienes la culpa y yo no, y mi favorito de todos: tú no tienes razón porque lo digo yo.
Hace tiempo que dejamos de lado el ayudar al prójimo con actos, en su lugar impera la manía tonta y moderna de que publicando mensajes de texto con un gato rodeado de corazones el mundo se acabara arreglando, o emular al hippy de turno que le pone margaritas al agujero de la escopeta en lugar de darle una patada en la espinilla al que te amenaza día sí y día también. Hace muchísimo tiempo que la inteligencia fue sacrificada a los panfletos impresos con papel reciclado, y los debates y buenas conversaciones a la desconfianza de a quién vota esta persona o si en el fondo es un fascista, porque ya nadie quiere a su lado a alguien de diferente ideología o religión, nos toca los cojones que alguien critique, o no, a ese alto mando porque, dios no lo quiera, vayamos a volver al medievo si seguimos así; pero claro, aplaudamos las caras estampadas en camisetas y los dictadores democráticos, abracemos con más fuerza a los de fuera que a los de aquí en lugar de hacerlo con la mismas ganas, y ante todo no dejemos que nuestro bienestar se tambalee si se nos ocurre acercarnos a alguien para ayudarlo en lugar de para grabar lo que está sufriendo o los gritos de auxilio. Ya sabéis, un niño muerto hace que nos concienciemos con mayor rapidez de la realidad.
   Salgo de la cama todos los días esperando que el mundo haya cambiado a mejor, que nadie sea menos o más simplemente por lo que opina, o tenga miedo a decir en voz alta lo que ve por los insultos o los puñetazos que recibirá por la espalda, pero no hay suerte, joder. Ninguna. 
   Hoy he sentido que debía escribir esto porque salir a la calle y agitar el árbol de la estupidez cada vez es más peligroso, cada vez cuesta más porque el grosor del tronco comienza a ser preocupante, y aunque lo he criticado antes solo me queda escribir y esperar a que, por favor, despertéis y os centréis en lo más importante y por lo que de verdad hay que luchar: la libertad de decir y hacer lo que se quiera sin que nadie salga mal parado o sufra por el camino, porque si la libertad solo sirve para sangrar, ¿no será mejor volver a meternos en jaulas como a la peor fiera salvaje?