Amigos Amados

de Espe Piga



Me gusta mi cuerpo. Mi cuerpo íntegro. Todo él, entero. Por fuera y por dentro.
Me gustan los cuerpos de los demás. Íntegramente. Por dentro y por fuera.
Me gusta cuando a mi cuerpo vienen otros cuerpos y así puedo descubrir lo imperfecto perfecto
.
Un viernes recibo un correo:
- Hola vecina, soy H. He venido de Chile y me gustaría verte. Estaré pocos días. ¿Bajas a Barcelona?
- Bufff... ¡Que mandra! Ven a casa.
- Voy.
Su rostro, sus brazos quemados por el ácido.
A sus manos les faltan dedos.
La RAM, Resistencia Ancestral Mapuche.
El Consejo de Todas la Tierras.
El Conflicto Forestal.
Los incendios terroristas.
A veces me pregunto hasta que punto es pasado. Sé que también es presente. Va y viene. Ahora vive en las Miles, luego en una casa okupa de Vilanova, se refugia en Barcelona, luego vuelve a Chile... siempre vuelve a mí.
Nunca sé donde está. Tampoco me preocupa.
Cuando viene lo recibo con alegría.
Siempre me acaricia el cerebro y así me calienta.
Su piel quemada ha dejado un último resquicio del incendio, el fuego en sus ojos, que arden cuando me mira.
- Tienes una piel exquisita –me dice.
Le cojo de la mano y hago que me palpe el vientre redondo.
- Soy la Mujer Buda –le digo– y si pasas tus dedos por la piel de mi vientre descubrirás las olas del Mar.
Así lo hace.
Las microndulaciones marinas de la dermis madura, acariciadas por el fuego de las cicatrices antiguas.
Nuestro abrazo es un beso de cuerpo entero. Largo y fundente. Me impregna y lo impregno. Nuestras células se funden creando un único ADN.
Su boca de Guerrero Mapuche vierte en mis oídos caricias verbales. Me siento Diosa, me siento Tierra, me siento Agua, me siento...
Soy su exquisita piel quemada y me regodeo en ella.
El domingo quedé con un pirata. Se llama F. Siempre lleva un pañuelo negro en la cabeza.
Estuvo destinado en Afganistán. Operaciones de Mantenimiento de la Paz, lo denominaban.
Disparaba por la Paz. Muy triste.
Su piel de hombre relativamente joven no tiene cicatrices. Las lleva por dentro y son difíciles de tocar.
Me perdí una noche en el reflejo verde de sus ojos y en su barba cerrada.
Casi no lo conozco y no estoy demasiado segura de seguir conociéndolo.
Me atrajo su sonrojo. Sus mejillas se inflamaban de sangre y agachaba la mirada.
Le ofrecí una noche de Paz y Amor. (No era Navidad, pasó hace una semana).
Era puro agradecimiento. Me hizo sentir “Milagro”. Como si no pudiera creerse que estaba en mi cama. Daba gracias al cielo. Me divertía observarlo. Yo pensaba: No será pa tanto!
Se centró en mis tobillos, Pasaba sus dedos por el empeine, los rodeaba intentando medirlos. Alababa su forma acariciando el arco de mis pies. Curioso, muy curioso.
Un viernes por la tarde convoco al Hombre Maduro. Se llama M.
-¿Vienes a la viña?
En diez minutos lo veo subir por la cuesta y caminar hacia mi, hasta que se sienta a mi lado intentando recuperar el aliento.
Después de tres años de charla y un par de escarceos físicos, se atreve a pasarme la palma de la mano por el escote sin pedirme permiso.
No conoció más cuerpo que el de su mujer. Y arrastra una tristeza enorme por su pérdida.
Soy su segundo cuerpo.
Pero lo soy con prudencia y respeto, con paciencia. Poco a poco.
Le estoy regalando un refuerzo para su autoestima.
Lo recuerdo riéndose después de mantener la erección y correrse en mi boca.
Su risa orgásmica demostraba que había sentido algo que creía que no volvería a sentir jamás. Maravilloso.
Yo y mi tendencia gerontófila! (Que veinte años no es nada… que feliz la mirada… errante en las sombras, te busca y te nombraaaaa… Viviiiiiiiiir…)
En ellos aprendo a ser generosa.
Recuerdo a A.
Temblaba cuando le pasaba la mano por la espalda. Permanecía quieto a la espera de la caricia. Se le erizaba la piel de gusto.
Con él perfeccioné a la Geisha que llevo dentro. Obtengo placer ofreciendo placer.
Recuerdo a M. No el anterior M… otro M.
Un jugador de ajedrez enloquecido por la lujuria al que le hice jaque mate en una larga partida.
Sensual y lascivo. A veces lo echo de menos y lo recuerdo cuando descorcho una botella de cava helado. Follábamos riendo. Brutal combinación.
Una vez me tiré a Dios.
I believe in Jesus Christ!!!
Yo ya me entiendo.
Una atea subyugada por el sexo físico-místico de Nuestro Señor Jesucristo… un actor.
- ¿Podría completar el abecedario?
- Seguramente.
Cultivo mi sexualidad a través de la curiosidad.
No puedo ni quiero evitarlo.
No soy fiel a los cuerpos, soy fiel a las personas.
Mi red de Amics Amats me sostiene. Amigos Amados.
Supongo que me he explayado más en H por lo reciente. Volverà en enero.
Con F… pues lo mismo lo llamo este próximo finde… el tema “empotrador” me pone mucho.
M, el reciente acariciador de senos, lo sostendré en el tiempo, con cautela, hasta su total recuperación. M ajedrecista… podría recuperarlo como “miembro”, nunca mejor dicho, de mi Harén Vital… pero me rijo por un código ético en el que procuro no engañar a nadie.
Jesucristo me folla cada vez que me mira. I belive in Jesus Christ!)
Y mi cuerpo en sus cuerpos se reconoce y se aprende.
Me niego a perder a la Mujer Salvaje. Necesito de mi animalidad para vivir.
Pactamos una Amistad pura y sencilla, simple y eterna.
Los reconozco en el abrazo sincero. Amigos amados.