Y, todo empieza con una inspiración pausada y honda, buscando el silencio.

de Teresa Estévez




Y este silencio es posible aunque en el exterior haya el mayor caos imaginable, va a depender de ti, y no necesariamente tienes que aislarte en una cueva, sino conocerte más, aceptarte y darle oportunidad a la emoción y la espiritualidad, que no es ni más ni menos que la forma en que nos interrelacionamos con los demás.

Y esto, una simple inspiración nos descomprime y nos expande, es el punto de partida para transformar nuestra manera de vivir y percibir. Todo pasa a ser como una explosión lírica de lo cotidiano, no hay prisas, sino tranquilidad de alma dentro del mismo contexto, pero con otras prioridades. 

Descubrimos colores, olores y texturas que siempre habían estado ahí, pero sin consciencia de ello por las prisas, y todo lo vemos con otros ojos y sensaciones, acercándonos más a las personas que elegimos para compartir camino y vivencias...... acariciando la plenitud del acto cotidiano.

Vivimos tiempos de agendas repletas por obligación o devoción, de la imperiosa necesidad de no disponer de tiempo libre (aunque lo reivindicamos siempre) ¡menuda incoherencia!, es como el síndrome de las folklóricas "qué siempre están haciendo cosas", hecho que nos lleva a pensar que así somos más relevantes, porque en realidad muchas veces no sabríamos que hacer con él. Realmente nos da terrible miedo reflejarnos en el espejo y ver cositas que no nos gustan, por eso entramos en ese bucle infernal de vacío interior.

* Los ansiolíticos y los antidepresivos (que no olvidemos son drogas de farmacia) han incrementado su consumo en los últimos 5 años un 65%.

¡Algo estamos haciendo mal!