Quieta

de Espe Piga


La solución de la quietud está en el movimiento?

A veces disfruto/padezco períodos de quietud. 

No llega a ser un aquietamiento «vegetativo» pero poco le falta. 

Podría definirse como un parón vital selectivo. 

No hago nada de nada, paso las horas tumbada boca arriba sobre tres almohadas y con el teclado encima de las piernas, escribo o no escribo, busco imágenes, escucho Radio 3 y una canción hace que busque más información.

En este nada de nada de inactividad activa guardo tambien un espacio para el Sol. Salto la baranda y me tumbo en el tejadillo, yo lo llamo la playa balconera. El Mar me lo preparo dentro de un cubo de plástico, si tengo calor me lo echo por encima. 

Las vistas increibles y una porción enorme de cielo. Allá al fondo, la sierra. Y el viento. No sé si debe ser la posición del piso però el vendaval que siento cuando estoy haciendo la fotosíntesis, si cierro los ojos, me transporta al Mar. Entonces me siento algA. (Sí... no me he equivocado: algA, no algO)

Lo más significativo de este último ha sido la producción de jerseis. Voy a comenzar el quinto. Hasta el otoño pasado y desde hace infindad de años, repito un ritual íntimo justo en el momento en que siento que el tiempo va a cambiar, el final del verano, el cielo gris. Me transformo en la Mujer Araña. Siento la imperiosa necesidad de ir a los chinos a comprar ovillos de lana. Mientras tejo intento ordenar esta cabecica mía que es una madeja desbaratada. No hay manera de hilvanar el pasado. Tengo una gran capacidad para el olvido. Ni bueno, ni malo. Tampoco me caliento mucho la cabeza con organizar el futuro. El futuro no existe. NO FUTURE. Por tanto, me ocupo del momento, aunque solamente sea para reaprender a respirar. Respiro fatal. Inspiro hondo. Expiro lejos. Apnea. Hondo, Lejos, Apnea. Si pudiera mantener en el tiempo este estado calmo y no dejarme morder por la Ansiedad. Hondo, Lejos, Apnea, Hondo, Lejos...

Voy por el quinto jersey. Dos hechos en el hospital. Antes. Dos hechos en casa. Después. El primero fue negro. Lana negra. Lo iba a dejar inacabado porque me cogió la paranoia de que, si lo acababa, mi padre moriría. Aquella misma noche decidí acabarlo y ponérmelo a la mañana siguiente, enseñárselo a mi padre. Hice bien. Me hizo bien. El segundo jersey hospitalario fue de color amarillo chillón, casi fosforescente. Quise poner luz. Era del mismo color de la bata que llevaban las enfermeras administrativas. No me gustó la coincidencia. Yo quise poner luz. Lo acabé cuando él acabó. Luego en casa, mis manos no podian aquietarse. La Mujer Araña, trabajando fuera de su tiempo habitual. Derecho, Revés, Uno, dos, Tres, Cuatro, Cinco, Seis, Siete... así hasta Cien. Derecho, Revés... hasta Ochenta. Me gusta observar como se mueven mis manos. De mis dedos salen hebras y construyo nudos infinitos. El tercero es verde. Tengo mucha tendencia al verde caqui. Me siento muy agustico vestida de este color. Debe de ser el ansia de camuflaje, que sé yo. Lo he hecho de verano. Nunca había hecho un jersey para el verano. Con hilo fresco, de algodón. No me ha quedado malamente. Me gusta enseñar los hombros. Y el cuarto es rosa fucsia. Ni tan siquiera es un color que me guste pero, creo que ya he entrado en barrena en lo que tiene de automático la gestualidad repetitiva de las manos creadoras. He de rematarlo cosiéndolo, però todavía lo tengo que imaginar. He de imaginar el resultado para que me salga bien. El quinto és azul cyan. Tengo dos ovillos. Todavía estoy a tiempo de no empezarlo. He de aquietar las manos y usarlas en otras cosas.

A veces padezco/disfruto períodos de quietud.

Menos mal que vivo con un perro. Me obliga a salir. Ir con él al monte me calma. Si no fuera por el Roc, los días aquietantes serian «inquietantes», si no lo son ya... a veces me pregunto cómo es que me regodeo tantísimo en la soledad y siempre llego a la misma conclusión, me gusta.

Yo nunca había acogido un perro en casa. El perro me ha acogido a mi. Quiebra la inacción y esta mansuetud que cuando es excesiva empieza a preocuparme. Entonces camino por la riera seca hasta llegar a la viña. Allá, él se solaza hasta sacar el hígado y yo sigo intentando respirar.

De vuelta a casa, la família humano-animal, tres gatos, un perro y mi bestia parda, yo. 

Me replanteo la preminencia de una especie sobre las otras descubriendo que es mentira.

Lo curioso es que soy plenamente consciente de esta guerra que me llevo conmigo misma y, en cierto modo, no me desagrada. 

A su vez intento pautarme estos períodos, aunque no siempre lo consigo. Quietud, pausa, inacción tienen sus consecuencias. No haces y se te acumula la mierda en casa. Lo haré mañana. Aquí comienza un fustigamiento que me autoinfrinjo. No haces y llega el desorden. Lo haré mañana. No haces y se empañan los cristales y por el suelo, rolan madejas de pelo. Lo haré mañana. No haces pero no dejas de hacer lo que realmente te gusta, lo haré mañana. 

Cuando finalmente hago, me siento bien. Pero dura poco. Nunca he conseguido tener todo mi entorno ordenado. Me planteo objetivos, una habitación por día. Desde el último traslado se me ha enquistado esta manía de tener poco, cada vez menos. Hay noches en las que salgo con diez objetos en la mochila y los voy dejando por el pueblo, en una fuente, en un banco, en el alfeizar de una ventana, esperando que quien se los encuentre les pueda dar una nueva vida. Me inventé el ThingKcrossing, emulando el Bookcrossing pero con objetos. 

Cojo dos trenes para ir a la playa. Este año he aprendido a trasladar mi inactividad de un sitio a otro.

Me estoy releyendo Germinal. A mi quietud le ha dado por leer clásicos. Cuatro jerseys y uno en ciernes, cuatro libros leidos y el quinto que se me resiste. Este último es el que me prometí que acabaría de leer por él pero ya lo haré, lo haré mañana. La Metamorfosis, La Hojarasca, El Lobo Estepario, Germinal... Pàtria?... Mañana.

A veces disfruto/padezco períodos de quietud. No hago nada y lo hago todo.