Y sigo siendo el rey

de Espe Piga



Una piedra en el camino
me indicó que mi destino
era rodar y rodar...

(Chorus: Rodaaaar y rodaaaa, rodaaaar y rodaaaar)


Se ha muerto mi padre.

Os exonero de ponerme alguna letra compasiva. No me las creería.

Mi cuerpo, después de 5 meses de Muerte compartida, ha empezado a rabiar.



Se ha muerto mi padre.

Y a mi me han empezado a doler todos los huesos.

Cantábamos rancheras a la bomba de morfina:


«... y yo sigo siendo el Reeeeeyyyyy»


(Y eso que de monárquicos teníamos lo que de cristianos)


No me había planteado lo que pasaría cuando no le dió la gana de cerrar los ojos por más veces que le pasara los dedos empujando los párpados hacia abajo... como en las películas.

Cinco minutos después se acerca a la habitación la responsable de donaciones.

Solucionado. Donante de córneas.

Luego, cuando entro al tanatorio y me acerco a la urna, compruebo que los ojos estan totalmente cerrados y que han perdido volumen.

No me había planteado el tema del tanatorio.

Me ha llegado a abrazar gente que ni me conocía.

Y esa fría elección de ataud por catálogo, esos recordatorios, ese libro de frases, esa cámara frigorífica con muerto en traje, esa selección de flores, esas plañideras del pueblo...

Me escondo en una esquina.

Dos horas antes del cierre percibo una estampida familiar. Se va mi Madre, se va mi hermana a recoger a su niño pequeño y su compañero a acompañarla, y me pregunto que estoy haciendo aquí.

Rodeada de gente, algunos sé quien son, la mayoría no.

Pido las llaves, cierro el garito y cada mochuelo pa su olivo.


No me había planteado salir a las calles del pueblo.

A cada tres pasos me paran.

Pésame... pésame... pésame...

Si me pesas veràs que ya he perdido tres kilos desde el domingo, (lo que os decía de este cuerpo mío que le ha dado por reaccionar)

Lo mejor que he visto en este lapso de tiempo fué un escrito de una amiga:



Algo se muere en el alma
cuando tu barman se va.
Se ha ido el Piñero,
el mejor bar de Olesa.


Joder! Aquí sí que lloré y reí.

He tenido la gran suerte de poder llorar con él. Lo hemos llorado y reido todo.

Mañana huyo.

Cogeré el primer tren y me voy a la arena.

Allá me leeré el libro que empezó él y que quedó inacabado.

No sé cómo podía leer con esas gafas tan sucias.

Yo se las quitaba y las lavaba con gel. Las secava con papel.

Mañana me voy al agua.

Tres horas para ir, tres para volver.

Solamente añoré tener carnet de coche cuando me llamaban de madrugada del hospital, nunca antes.

He hecho todas las combinaciones posibles y tengo que coger un tren, luego el metro y luego un autobús. Ya llegaré.

Mañana, cuando me despierte, iré hacia la estación tarareando:


«Con dinero y sin dinero
yo hago siempre lo que quiero,
y mi palabra es la leeeeeey.
No tengo trono ni reina,
ni nadie que me comprenda,
però sigo siendo
el Reeeeeyyyyyyy»