Puto día del libro

de Juan Cabezuelo


  Termino una jornada de doce horas, así que con una sonrisa en la cara me dirijo al vestuario. Me quito el uniforme, el cuál lanzo despreocupado a cualquier lado y enfundo mis patejas en unos tejanos azules, meto mis pies en mis clásicas zapatillas negras y me pongo mi última adquisición en camisetas ("Nirvana", porque yo lo valgo y me sale de los cojones, así, a groso modo).
Me incrusto los auriculares y le meto caña al móvil hasta que este me avisa mediante un mensaje escrito que utilizarlos a semejante nivel puede acarrearme problemas auditivos severos, pero ¡qué coño! "Minor threat" se lo merece y en cuanto llegue a casa y me quede dormido, los acúfenos no me darán más por culo.

  Pongo mi cerebro en modo "vagabundeo mental" -la única manera que tengo de soportar mezclarme con el resto de transeúntes- hasta que llego al andén del tren de cercanías, donde, por mucho que lo intente no consigo ignorar la multitud de personas que se apretujan a lo largo de éste.

  Una vez en el interior del tren y habiendo subido a éste a empujones me doy cuenta de que no queda ningún asiento libre, y partiendo de la base de que a estas alturas llevo quince horas fuera de casa y casi sin descansar, eso me toca "un mucho" las pelotas. Miro con odio a toda esa gente que, con sus trajes de los domingos, ocupa todos los asientos del vagón y los pasillos entre estos, así que me pregunto ¿pero qué coño está pasando hoy?, no necesito que nadie me responda a la pregunta -sobre todo porque no la he hecho en voz alta-, pues con una simple mirada a mi alrededor se responde sola, todos los hombres llevan un libro bajo el brazo y las mujeres juguetean con una rosa entre sus manos. Es el día del libro.

  Llegados a este punto de la historia, creo conveniente ser sincero con vosotros y confesarme, pero es que... odio el día del libro... o mejor dicho, el puto día del libro.

  Sé que puede resultar llamativo a la par que absurdo que alguien con ciertas inquietudes literatas -ya sea como lector compulsivo o como escritor mediocre- como yo odie dicho día, pero es que no soporto la idea de que todas esas personas (hombres, mujeres y extraterrestres varios) que no se acercan a una biblioteca o librería por miedo a una reacción alérgica, o que no han tenido un libro entre sus manos desde E.G.B. aglomeren las calles recorriendo las improvisadas casetas que se ponen para la ocasión sedientos de cualquier tipo de literatura. Sí, lo reconozco, me dan ganas de pillar un bate de baseball (Puto Negan, ha estereotipado un clásico) y reventarle el craneo a golpes a todo esa panda de gentuza que aprovecha el jodido día del libro para comprarse el último Best-Sellers que esté más de moda, con la portada más llamativa y en tapa dura para lucirlo en su estantería y poder vacilar de biblioteca ante las visitas y las reuniones familiares. Y es qué la lista de joyitas que compran esta panda de ineptos dejaría k.o. a Poli Díaz antes que un buen chute, pues podemos encontrar entre los autores más vendidos a tertulianos televisivos que no saben ni pronunciar bien cuando hablan, futbolistas que todavía cuentan sus goles con los dedos o presentadores de programas de televisión los cuáles les pagan a sus niñeras para que les lean un cuento a sus hijos, que de golpe y porrazo han encontrado la luz divina necesaria (o el becario) para volverse escritores. Ya sé que cada cuál es libre de hacer lo que quiera, y lo respeto, pero eso no quita que me indigne, y me indigna mucho.

  Pero bueno, siempre se le puede sacar el lado divertido, y es que me encanta cuando el día veinticuatro de Abril, me monto en el tren y me encuentro a todos esos pobres hombres que no leen nunca con cara de poker y la biografía de Messi entre las manos esforzándose hasta sudar sangre para llegar a la página tres antes de dejarlo con disimulo. Pero tranquilos, que yo os apoyo, estoy seguro de que este año váis a pasar de esa tercéra página y llegaréis,incluso, a la cuarta antes de el brote psicótico y dejar el libro junto a los de los años anteriores -por cierto ¿habéis pensado en donar todos esos libros a la biblioteca más cercana y poner figuritas del chino en las estanterías?, resultaría mucho más útil para todos- y esa rosa que se marchita día a día con el tallo en un baso con agua. 

  Pero bueno, yo voy a seguir odiando el día del libro y a comprar sólo libros de autores con verdadera calidad literaria y pasando de la literatura post-industrial, pero... ¡no me jodas! sí en Amazon esta las memorias inéditas de Hanna Montana, esta chica sí que es una artistaza y escribe como pocos, voy a pedirme un ejemplar pero ya... ¿qué pasa?... ¿por qué me miráis así?... yo leo lo que me da la gana...