Cuando una ducha sirve para algo más

de Manuel Gris


   Igual que ir a un bar con un amigo no sirve solamente para acabar borrachos como cubas, internet no está ahí solo para disfrutar del porno o de videos de gatitos supermegatusabesqueesasímonosquetemueres (y a veces las dos cosas al mismo tiempo, que es mi momento favorito del día), porque en ocasiones te encuentras con artículos o noticias que te hacen reflexionar y abren ventanas cuyos cerrojos creíamos que estaban prohibidos para nosotros. Hasta que vemos que la llave la teníamos nosotros.

   El artículo que ha compartido un amigo loco en la famosa red social de la película del actor ese que destrozo la última de Superman V Batman, me ha hecho pensar más de la cuenta en la ducha, y al salir de ella me he sentido obligado a sentarme delante de esta pantalla y escribir un par de frases al respecto.

   Y, sí, he venido directo de la ducha…

  El tema era que si un escritor (aunque se puede ampliar a cualquier expresión artística) debería estar obligado a no escribir según qué cosas en sus textos/poemas/guiones para que no se ofendan los lectores. Veamos, la primera cosa que tendríamos que tener en cuenta es que los lectores no mandan aquí, no son los que llevan las riendas del arte, sino que son los que deben amoldarse a los que es escritor hace, porque si le damos el poder al que va a recibir, y no al que da, lo único que se consigue es que el creador se convierta en una puta de su propia vía de escape, y lo peor de todo es que convierte su arte en algo que simplemente existe para que le acepten, para vivir, y no porque de verdad le da vida y le hace sentirse bien.

   Voy a simplificarlo, porque si hay algo que me molesta mucho es la gente que usa palabras raras y rebuscadas para hacer creer que sabe lo que dice cuando lo único que hace es contradecirse y lamerles el culo a todos para ser aceptada por la mayoría.

   Veamos…

   Si el arte existe es para que el ser humano haga lo que quiere, se exprese como le dé la gana y utilice su imaginación para llegar a lugares donde, de otro modo, serían imposible de tocar, y por eso ponerle una correa a eso, hace que se convierta simplemente en un trabajo más de esos que hacemos sin ganas pensando en el dinero de final de mes. Que, bueno, a mí me gusta mi trabajo, pero soy consciente de que hago lo que me dicen y punto, y ya está. Y lo acepto. Pero a la hora de escribir, si me obliga alguien a decir algo con la única finalidad de tener contento a un grupo de gente que, de otro modo, no me leería, digo simplemente; ADIÓS. Porque no creo que exista nadie en ningún campo artístico que haga lo que hace para gustarles a todos. Y de ser así, amigo, te estás engañando, porque esto es algo único, personal, y no un discurso que le dices a alguien solo para barnizarle la oreja y que, al girarte y hablar con otra persona, cambias de parecer para besarle el culo al siguiente, porque si haces eso Todos te “querrán”, perfecto (y felicidades, supongo), pero estarás haciendo algo que no creo que te guste: ser absolutamente Nadie, porque aquellas personas que a lo único que se dedican es a bailarle el agua a todos, son las primeras que acaban aburriendo y siendo apartadas como un klinnex lleno de esperma. 

   Es importante saber que se busca al hacer arte, cuál es tu meta. Puede ser entretener, hacer reír, hacer llorar, ofender, incomodar, pero de ninguna manera se puede hacer todo al mismo tiempo porque la mierda que se pisa, aunque no se vea en un primer momento, acaba apestando toda la casa y, bueno, ¿qué clase zapato quieres ser?