Tips para idiotizar a tus lectores y hacer ventas

de J.C. Ibarz

Libros que son objetos de consumo como un ornamento más de ostentación en una estantería. Lectores confundidos con consumidores y anunciantes que se disfrazan de lectores. Las conspiraciones de andar por casa de las editoriales poderosas para influir, en la venta de «su libro» por encima del fomento de la lectura. 

   Valorar el argumento como un fenómeno fan y no como calidad literaria. Travestir la portada y el lomo para magnificar lo simple del interior, aunque la sinopsis no te diga nada, como si fuera una mala metáfora de la chica maquillada y con bonitos zapatos que solo sabe hablar de maquillaje y zapatos bonitos. 

   Quizá ni lo vayan a leer, pero ya se han hecho la fotito artística neokitsch con café, galletitas, tapete de ganchillo, flores y filtro pasteloso de atmósfera cuqui, subtitulada: #miúltimaadquisición. Porque para algunas personas el libro en cuestión no es un medio para obtener una buena historia o una reflexión, sino un objeto de prestigio dentro de una comunidad, buscando la aceptación superficial del que cumple con la norma del «debes tenerlo». Un altar a la estupidez mercantilista de una herramienta cultural. Ese es el nivel.

   Pensar que tener ese libro beneficia a la cultura es un error. Solo beneficia a una editorial que vende un libro como imprescindible. No comprarlo no afecta a la cultura, ni la beneficia; es indiferente. Una editorial que se preocupa por la cultura no busca un producto, busca una herramienta que fomente la obtención de una obra cultural de calidad y que aporte al conjunto cultural por un rasgo adecuado (técnica, originalidad, calidad, etc.). Otro tema es el entretenimiento, pero ahí no voy a entrar. Como tampoco voy a criticar si la foto es para compartir experiencias o simpatía, cosa que me parece edificante. Aquí arremeto contra el lado más superficial de la cultura.

  Lo venden como si un libro pudiera ser leído por todos. Y eso significa que no tienen ni puta idea de lo que significa la idiosincrasia del lector. Cuando una generación haya leído los mismos libros, la literatura habrá acabado y habremos cambiado lectores por fans. O por yonquis del consumismo de un cártel editorial. En la variedad de lectura está la clave de una cultura literaria sana, donde puedan prosperar distintos tipos de autores, cada uno con su propio bagaje y estilo y que puedan jugar un papel fundamental, para exponer una multitud de perspectivas sobre una misma sociedad. Si sesgamos la realidad interpretada solo por una sola corriente de libros, estamos robándoles otras visiones a los lectores. 
   No debemos educar solo para que lean, sino para que sepan analizar lo que han leído. Y eso no se consigue poniendo una saga de libros en un altar con objeto de ostentación, como si fueran unos zapatos nuevos. Y yo dejándome las horas buscando títulos interesantes y raros en librearías de segunda mano y mercadillos, para que vengan a joder con el libro del momento que te venden en cualquier kiosco de la rambla. Hasta eso nos quieren quitar.