El optimismo de los salmones

de Ivan Albarracín


    Siempre he admirado a los rebeldes, aquellos que sin pretenderlo nadan a contracorriente, como los salmones. Vivimos en un mundo cada vez más gris, un lugar sin esperanza e imprevisible. Yo, que escribo distopías, no podría ser considerado nunca un rebelde.

   Por una sencilla razón: nado en la corriente de pesimismo que nos inunda.
   Hay que decir que el mundo es un Titanic gigante que se va hundiendo mientras las clases pudientes y podridas siguen bailando en la sala de arriba como si no ocurriera nada. Lo hacen mientras cierran los pisos de abajo para que las ratas no puedan salir y se acaben ahogando. A ellos no les importa que se ahoguen los pobres porque nos ven como a ganado. 

   Ante este panorama tan oscuro, la corriente nos inunda de pesimismo y nihilismo. Eso no me hace rebelde porque sigo a la mayoría pesimista. Creo que, a día de hoy, un rebelde sería aquel que escribe utopías y sigue siendo, pese a todo, optimista.
   Es fácil dejarse arrastrar por la crítica social y el abandono de toda esperanza (como decía Virgilio a Dante antes de cruzar la puerta del Infierno) e incluso puedo adoptar la pose de bohemio antitodo, pero chaval, no nos confundamos.
   No somos rebeldes, simplemente remamos en la dirección que lo hace todo el mundo, nada más. Con ello no quiero decir que el mundo sea una maravilla, pero sí que necesita esperanza, gente que crea en él y que se arriesgue a ir contra la corriente de la mayoría. 

   Hace años, Huxley, Orwell y el resto de escritores distópicos fueron considerados como rompedores porque, en contra de la opinión mayoritaria de progreso en el futuro, dieron una visión más oscura del mismo. En la actualidad, escribir novelas pesimistas no te hace rompedor, ni escribir poesía amarga que provoca suicidios en masa.
   Es posible que creas que eres la ostia de innovador. ¿Seguro? ¿Quieres ser innovador? Escribe algo que vaya en contra de la mayoría, y por desgracia, el optimismo lo es. Quizás a día de hoy, un escritor que escribiera un libro infantil lleno de luz y magia sería más rompedor que la legión de cenizos (entre los que me incluyo) que plasmamos desesperanza en nuestras historias.
   Así que si adoptas la pose de artista nihilista, que vas de ser atormentado (pero te gustan los buenos gin tonics o una buena follada como a todo el mundo) y te crees la polla de rompedor, no te engañes. ERES COMO LOS DEMÁS. Yo reconozco mi cobardía, ¿tú podrás hacer lo mismo? Porque, te guste o no, CAGAS LA MISMA MIERDA QUE EL RESTO.