Alejarse

de Eric von Bibert


    Y me alejé de la web por un tiempo, estaba harto de todo, de la obligación de leer a los que me leen, de los escritos hablando del amor y de otras estupideces aladas. La obligación de compartir la obra maestra de los demás. 


  Cansado y agobiado, salí por un largo tiempo. Vuelvo. Nada ha cambiado en este mundo virtual. Es una gran cárcel, a la que elegimos entrar por motu proprio. Tal vez la soledad, la falta de reconocimiento en nuestros pequeñitas palabras fuera de esta prisión. La necesidad de contarle al mundo nuestras pequeñas o grandes tragedias. Nuestros pensamientos geniales, jajaja. Que estupidez. Y sin embargo al ruedo nuevamente. Una adicción más. Y lo peor es la falta de agallas, para renunciar a este monstruo que nos tiene atrapados. renuncia implica marginalidad. 

   Claramente, la comunicación cara a cara se extingue, la vemos morir, caer portando sus estertores, todo como en una bruma de languidez extrema. Si estás afuera, sos un muerto civil, tu identidad se desvanece en intentos combativos desoladores. Después de varios intentos, y ya hace unos cuantos años, logré suicidar mi vector Facebrut (Facebook) pero mi enemigo más fuerte es la necesidad de escribir, acerca de lo ominoso de este mundo, y de los excrementos que habitan en mi interior, y vomitarlo en un blog. No sé. Tal vez. Algún día.