Esclavo consentido

de Raul Merino




   Voy a trabajar como cualquier día. Monto en mi coche y entre el incesante requiebro de los coches mi cabeza empieza a divagar. Montones de autómatas, conduciendo hacia sus lugares de esclavitud, donde pasaran 8 u 10 horas recibiendo órdenes por un sueldo mísero.

   Cada autómata con su coche, a cada cual mejor que el anterior, que consumen gasolina, seguros, itv…etc.

 Les miras y ves que cada uno lleva su nuevo teléfono, a cada cual mejor que el anterior, teléfonos con miles de funciones de las que estar pendientes, wassap , Messenger , facebook ….etc.

Llegamos al trabajo y todos salimos de nuestros estupendos coches, mirando los coches que conducen los demás, y pensamos… el próximo como el de Pepito.

   Pepito es un medico, que tiene su categoría, con sus pluses de sueldo y sus responsabilidades, pero que trabaja a las ordenes de un supervisor que controla cada momento, que pasa en el trabajo.

   Y entonces piensas… mejor como el supervisor, tiene mejor coche, mejor móvil y mejor sueldo. 

   Ese tiene que ser mi próximo coche… como el de el.

   Pero es día hay un parón en el trabajo, cientos de trabajadores van a gritar a la puerta del supervisor, le acusan de incumplimiento y de tenerlos súper controlados, la cosa se pone caliente y el supervisor acaba por dimitir, por presiones de los médicos que apoyan a los pequeños trabajadores… pero eso si buscando el sofá del supervisor.

   Y así transcurre 9 horas de trabajo, a destajo para intentar que el nuevo supervisor, este contento con nuestro rendimiento y nos busque un mejor puesto.

  Y van transcurriendo días y semanas en tu mismo coche y en tu mismo puesto, mirando en tu mismo móvil, miles de obligaciones auto impuestas, que no nos dan más que otro control de horario. 

   Seguimos mirando los coches, y los móviles de los demás, hasta que un día nos da por mirar el parque de al lado de casa. 

   Y ves a ese hombre que siempre duerme en unos cartones en el cajero, o en un albergue, o en el parque. Esta con sus dos perros y te acercas a él, le ofreces algo de beber o comer, y hablas con el. 

   Y te cuenta que un día el también miraba los coches de los demás, sus teléfonos, e incluso sus familias… que trabajaba 8 horas , 6 días a ala semana , tenia casa y un montón de responsabilidades … llego a tener hasta portátil que no soltaba nunca , con redes sociales y correo electrónico .

   Y le pregunto qué ocurrió para perder todo eso... y él me miro y me contesto: yo no perdí nada…. Yo gane mi libertad y ¿mi única responsabilidad hoy en día? Es abrir los ojos al día siguiente y ver el sol allí arriba.

   Me despido y me voy .. Pero ya no miraba coches , ni teléfonos .. Solo miraba el reloj, y pienso cuantos años llevo buscando el sentimiento de libertad, en una vida esclavizada.

   Soy un esclavo consentido.