Parentesco y disparidad entre tener sexo y hacer el amor

de Teresa Estévez




   La sencilla construcción lingüística de los términos, implica ideas completamente distintas. Hacer el amor y tener sexo es tan diferente que a muchas personas les parece hediondo uno del otro. Involucran lo mismo: “dos cuerpos semi despojados o completamente desnudos”, ósculos, caricias y la penetración de alguna parte del cuerpo al interior del otro, pero la afinidad cambia tanto que unos conciben como imposible alguno de los dos términos.


    Para los que se empecinan en decir que es mejor tener muchos emparejamientos sexuales antes de enamorarse, escuchar el término “hacer el amor”, les provoca hastío; lo asemejan a un territorio soso y poco aventurero, algo pasteloso y cursi que nadie quiere en sus vidas, porque acota libertad si eres honesto para con la persona elegida. Por supuesto, del otro lado están los románticos implacables, aquellos que prefieren a toda costa involucrar los sentimientos antes de que los cuerpos se palpen y uno penetre al otro. Para ellos tener sexo está bien pero nunca ganaría la contienda entre los términos, no porque, como recitan las mentes puritanas, debes amar a ese ser para perpetrar, sino más bien porque entregarse al otro y lograr esa conexión mutua sólo se logra por completo en momentos únicos.

   Hacer el amor involucra un imaginario de romanticismo místico que muy pocos están dispuestos a cargar. Con temor se acercan a alguien que quiera “hacerlo” y prefieren ofrecerse al momento, al placer antes de crear un engarce sentimental apasionado con la otra persona.

   En realidad, hacemos el amor y tenemos sexo en diferentes ocasiones. No importa cuánto ames a tu pareja y cuán entregado estés en ese momento. A veces sencillamente se tiene sexo y está bien; los cuerpos se liberan, las energías fluyen, los orgasmos llegan y las extremidades tiemblan cuando el acto finaliza; un gran indicio de que ese momento, sólo para los dos participantes, cumplió su cometido… tuvieron sexo, disfrutaron y se deshicieron de placer el uno en el otro. Evidentemente, logras tener sexo muchas más ocasiones en las que haces el amor. Sin importar si tienes una pareja estable, porque… ¿de verdad todas las veces que estás a solas y tienes sexo, haces el amor?

   Cuando pienso en “hacer el amor”, mi mente se remite a aquellas pelis en las que dos personas, solas en una cabañita secreta en un paisaje idílico, comienzan a desprenderse de la ropa pausadamente mientras la lumbre mantiene el calor que ya no precisan porque sus elementos abrasan. Probablemente, este cliché no sea el más apropiado (el cine nos mata) pero sin duda, “hacer el amor” sólo sucede en algunos momentos precisos, esos ideales, para que la pasión y el romanticismo ocurran. Tal como un eclipse de sol o la luna llena, son periódicos aunque nuestra pareja sea estable.

   La mayor parte de las veces nuestro cuerpo pide un instante de intimidad que alivie las sacudidas, la cara larga y la epidermis marchita y no es imprescindible hacer un trío con cupido. En ese momento, tengamos pareja o no, acudimos con alguien que pueda extraernos del aprieto. Tenemos sexo, liberamos endorfinas y los dos, al final, contentos yacen hasta el día siguiente o no. ¡El sexo es grandioso, sin duda! Un aquí te pillo aquí te mato, el que ocurre antes de que alguien más llegue a casa de tus padres o antes de que lleguen tus hijos a la tuya o una apacible y espiritual sesión tántrica, el sexo casual y sin obligaciones o el sexo con el amor de tu vida, todos son idénticamente legítimos.

   Hacer el amor, como su nombre lo indica, involucra el sentimiento romántico que busca la conexión profunda con la otra persona. Pero admitámoslo, ni dos tórtolos encelados hasta las trancas que tienen relaciones cada tres horas logran disfrutar la primera, la segunda y la tercera vez como si de verdad, entre los dos, alcanzaran construir ese ideograma impreciso llamado “amor”, aquel que imaginamos de un color rojo intenso y cimbreantes corazones capaces de socorrernos de la caída libre que el mismo desencadena. Hechos y acción los mismos, concepto y moralidad diferentes.

   El amor puede expresarse a través del sexo y probablemente, el sexo puede también llegar a generar amor. Ambas cosas crean emociones completamente distintas. Puedes o no estar enamorado de alguien, hacer el amor o no con tu pareja, o tener sexo con quien te plazca, pero mantén la diferencia clara, no uses una como sinónimo de otra, y piensa en Woody Allen y sus siempre sabios consejos: “La respuesta está en el amor, pero mientras esperas la respuesta, el sexo detona algunas buenas preguntas”.