La felicidad de ser un anormal

de Artza Bastard


   Soy un anormal. Lo sé, lo sé... Sé lo que pensáis. “Pobrecillo...” No me importa. Siempre lo he sido. Fui el niño rarito de clase, el antisocial de la cuadrilla, el degenerado, el bohemio... Lo que viene a ser un bichoraro. Y me encanta. 


   Empecemos por el principio. ¿Qué es ser normal? Básicamente, y para no perder demasiado tiempo definiéndolo, podríamos decir que es algo que la mayoría acepta y ve con buenos ojos.
Comportamientos aceptados por la sociedad, que son éticos solo porque son empleados, comprados, creados o usados por la mayor parte de la masa. Pero, lo que es normal en Españistán no se parece a lo que es normal en Texas, o en Siria, o en Laponia. Digo más, lo que es normal en mi casa, no tiene porque serlo en la casa de al lado. Entonces... ¿qué? ¿Que ostias es ser normal? Solo porque el 51% de la gente lo de por normal, ¿se puede considerarlo como tal? Solo porque la corrupta cultura occidental lo ve como normal, no quiere decir que lo sea. Hay un sinfín de factores que influyen en el tema. 

   Imaginemos ahora un mundo en el que estamos rodeados de gilipollas (no cuesta mucho eh). Que las urbes están desiertas y los campos repoblados. Imaginemos también que se pone de moda la zoofilia (es un ejemplo, no os volváis locos con esto) y que lo practica la gran mayoría de la gente. ¿Sería normal? ¿Sería aceptable? Habría que vivirlo para verlo...

   Entonces, resumiendo un poco, podemos decir que ese fenómeno de la normalidad que nos lleva acompañando toda la vida no es más que una sucia patraña. No existe la gente corriente. No hay nada normal. Estamos todos locos. Y en eso reside la belleza de la vida. Todos tenemos nuestras pequeñas demencias, que son solo nuestras, que hacen que nuestra personalidad se diferencie del resto. A cada uno le patina en su dirección, y que sea mejor o peor depende de los ojos con los que se mira. Y yasta. Todo lo demás sobra. 

   Así que, para acabar, no lo dudéis. Haced lo que os dicte el corazón, el cerebro, o incluso el ojete, da igual, pero nunca lo que dicte la gente corriente. Abrazad la anormalidad. Abrazad la felicidad.