contratos indefinidos

de Manuel Uslacker


Encerrado en la misma jaula, de la que tú escapaste.

Al menos, podrías haberme dejado una pluma de despido!!

Pero ni rastro...no pude decir ni pío.

Recuerdo que la puerta estaba medio abierta, tal vez, ella tenía la esperanza de que me atreviese a escapar, sabe de mi rebeldía.



En realidad, yo no estaba por la labor, fuera de aquél cuadrado nadie me aseguraba alpiste y líquido.

Fué pasando el tiempo y llegó la época del cambio de plumaje. Yo pasaba mucho frio, era todo pellejo y depresiones.

Un buen día, al tipo que me custodia, le pareció oportuno, sacarme de paseo por la calle, eso sí, con una funda que recubre todo mi hogar, dice que por mi bien.

Al rato abrió la cremallera, orgulloso, para mostrar a su manada, mi plumaje nuevo, y mi firme candidatura a tenor de canto mañanero.

Volvimos a casa, el borracho cómo siempre, yo agotado cómo nunca!

Me sacó al balcón, allí me dejó que saboreara la luz de los rayos del sol, en esos días, en que ni tu mismo te soportas.

Me rellenó el comedero y el bebedero, formaba parte del contrato.

Y en ese mismo instante y de manera impulsiva, decidí declararme en huelga de hambre, de canto y de aleteo.

Después de llevar casi una semana en esa situación,( les reconozco que era desesperante) pero pensé... al final, cuando el tipo vea que soy un vago, me dejará escapar.

Admito que es una estrategia cobarde, pero es la mía y la quiero!

Además, yo sabía de la sangre fría de aquel tipo, si no había negocio, no había pájaro, despido improcedente... lo firmo!

Así fué...

Y ahora aquí me tienen, subsistiendo, sin vuelo alguno, malviviendo, pero lejos de él y de su jaula, que al final...eran lo mismo.