Cantamañanas

de Moribundo Insurgente


                 Hace tiempo que me ronda por la cabeza una idea que me inquieta y me aterra a veces: el envilecimiento de la sociedad.
   Verduleras y gallitos de tres al cuarto que se han olvidado de hablar en pos de gritar, transformando una conversación fluida en una verborrea con una violencia verbal digna de cualquier dictador.


  Lo peor: se vanaglorian de ello y chulean ante sus semejantes. Tamaño acto prehistórico nace de muchos hechos, ya saben, la sociedad, esa cosa malvada que hace que "comas o te coman", pero más aún, me aventuro a afirmar que mucha culpa de este fenómeno la tienen ciertos programas de televisión.
   Nacía allá por el 97 (si no me falla la memoria) un programa llamado Tómbola, preámbulo de la conocida como "telebasura" y madre de programas como "DEC", "Aquí hay tomate", "Gran Hermano" o "Sálvame", donde el más apreciado es el que más despotrica del resto, el que más crispa a los invitados, el que más grita, el más violento, el pendón que más enseña, la más ligera de moral. Los índices de audiencia de este tipo de programa simplemente arrasan, convirtiendo a sus contertulios (que ironía) en estrellas a quien la gente quiere emular, individuos idolatrados e imitados hasta la saciedad.

    Hoy todos quieren ser Belén Esteban, Rafa Mora o Cristiano Ronaldo (y este no por su fútbol) y no deja de verse copias allá por donde caminas. El egoísmo y el incivismo provocados por la pérdida de valores y la nula cultura del esfuerzo hacen el resto. Sumemos a todo el cocido la salsa de los hijos, esos enanos que aprenden pronto de sus padres y los ves a los 10 años con móvil y fumando de botellón en cualquier descampado mientras sus padres les repiten la susodicha frase "come o te comen", barra libre para la chiquillería que enseguida aprenden a comer, ¡y de qué manera!.

   No hace tanto tiempo se podía ir por el metro tranquilamente sin que te empujaran para entrar cuando aun no habías salido, o para lanzarse a coger asiento, ni mucho menos se permitía que una anciana estuviera de pie para que un "cansado" joven descansara de su ajetreado día. No hace tanto tiempo se podía hablar en una reunión de escalera o del trabajo sin atropellos. Algún energúmeno siempre había, pero hasta se le recuerda con cariño. Hoy es raro encontrar el que dialoga y respeta el turno de palabra para pasar directamente a emular a sus estrellas televisivas. Así pues, voy a ver si hago algo de provecho, mientras oigo de fondo a esos estupendos cantamañanas.