Bienvenidos a, quizá, el último año de vuestra vida

de Manuel Gris




  Nuevo año.
 Y nuevos proyectos, sueños, ilusiones, planes, amigos que conocer, lugares que visitar, comida que probar, grupos que descubrir. También películas con las que lloraremos y reiremos y haremos mucha cola para que después nos defraude, o no. Y amores, enamoramientos, intenciones, cariños, caricias, abrazos, puñetazos, insultos y desprecios por aquí y por allá.

  Y lo mejor de todo, sin duda, sin ningún tipo de duda, es que de este año 2016 que ha acabado vamos a aprender, exactamente, cero. Nada. Una putísima mierda. Como enfermos de alzheimer. Porque por mucho que nos caigamos y nos levantemos y digamos que vamos con todas, somos seres que no paran de equivocarse y de chocar a todas horas con todos los muros que prometieron no volver a tener delante. 
  Somos increíbles. 
  A veces, incluso, me parto de risa.
  ¿Y qué podemos hacer?, ¿cómo luchar contra esta tara que siempre nos va a acompañar y que hagamos lo que hagamos tendremos pegada al cuerpo como el sudor de resaca después de una noche de verano especialmente larga? Os lo diré, y seguro que no voy a abriros el mundo ni a crear un agujero dentro de vuestras vidas porque, sin duda, en algún momento habréis pensado en ello, el problema es que no os habéis parado a planear el siguiente paso a dar en la dirección que ese impulso os ha señalado. Pero no os sintáis culpables, ya he dicho que somos humanos, y eso hace que nos perdonemos casi cualquier cosa. 
Pero vayamos a lo importante: ¿cómo no volver a cagarla este nuevo años que acaba de empezar? ¿Cómo, joder, podemos escapar de la maldición?
  Primero: dejad de prometeros mierdas que creéis que debéis prometeros. En serio, ¿ir al gimnasio y dejar de fumar?, una puta mierda, eso jamás lo haréis para siempre. Si no lo habéis hecho ya jamás lo haréis, así que no os pongáis metas que vayan a hacer que este nuevo año sea una maldita tortura medieval. No lo hagáis, y de ahí a lo segundo que deberíais hacer.
  Segundo: descubrid de una puta vez qué es eso que os hace felices de verdad, y agarrarlo hasta que os mate (versión libre de una cita de un gran hombre que hasta lo he visto en tatuajes) porque solamente así sentiréis en cada momento que estáis usando el poco tiempo que tenemos en cosas que necesitamos de verdad, aunque seguramente no sea así pero, oye, engañarse a uno mismo conscientemente siempre es mejor que hacerlo sin que nos demos permiso, ¿no?, y por eso tenemos que tener claro qué y cómo y con quién hacer lo poco que nos hará verdaderamente sonreír y estar orgullosos de seguir respirando.
  Tercero: que les jodan. A todos ellos. Ya sabéis quienes sois: QUE OS JODAN. No necesitáis a nadie a vuestro lado que os amargue o que os aporte dolores de cabeza, ¿y queréis otro secreto?, a veces es mejor ser mal educado y levantarse al día siguiente seguro de que jamás volverá a tocarte los huevos ese alguien que quedar como una persona amable y buena y formal y por dentro notar que un millón de hormigas rojas os devoran. Así que, repetidlo, QUE OS JODAN. Y ya de paso moríos.
  Cuarto: mirad a los ojos siempre que podáis porque a través de ellos podréis leer de verdad lo que la otra persona trata de deciros y lo que no. Es tan sencillo que me preocupa que tan poca gente lo haga, aunque eso también ayuda porque si no lo hacen, si te esquivan, es que tienen algo dentro que no quieren que veas. Y entonces vuelve al Tercero, por favor.
 Quinto: ¿familia, amigos, pareja?, muchas veces creemos que en ellos está la solución, y muchas veces sí que es así, pero ocultarse detrás de ellos por miedo a no enfrentarte a tus problemas tú mismo, por miedo a que los demás te descubran, te va a convertir en una sombra de ese familiar o amigo o pareja. Jamás os pongáis detrás de nadie a no ser que sea para apoyarla con lo que esté a punto de hacer, a no ser que queráis darle ánimos, porque el peor escudo que existe en esta mierda de sociedad es aquel que tiene la cara y los ojos de otra persona que no eres tú mismo.
  ¿Sexto?: estaba pensando en algo más para escapar de la maldición, pero me parece que no es así. Nada más hace falta en realidad. Nada.

  Cambiar a ¿mejor? Esa no es la respuesta, sobre todo cuando ese “mejor” te lo han contado o te están obligando a arroparlo como a un bebé abandonado. Cambiar no es el verbo que usaría, ¿habéis probado con perfeccionar, evolucionar, mirar dentro de nosotros (no es un verbo, pero ya me entendéis)? Porque solo se cambia aquello que está roto o que no se quiere, aquello inservible y que lanzas a un contenedor cuando consigues lo nuevo, y si ahora cambiamos, ¿no estaremos negando nuestro pasado, tachándolo como un mal cálculo en un examen que al final ni podemos leer?


   Buen 17. Y jamás cambiéis.