Niño, que te pongas a leer

de Raul Merino



  Frase fatídica que me persiguió toda la infancia, y juventud. Yo sólo quería mis partidos de chapas, mis muñequitos de plástico y mi puta bicicleta; ¿más tarde? Música, cerveza, chicas y porros… pero no, siempre la misma puta frase: NIÑO, QUE TE PONGAS A LEER.


  Y me puse a estudiar, poco, mal y con desgana, pero me puse a ello... Y aprobé , y me saque la maravillosa EGB... Podía pensar en algo más,  en ser alguien, en más estudios, en trabajar y ser un hombre de provecho, y a ello me puse. 

  Crecí cansado de trabajar, de dejarme el puto lomo en cada uno de los míseros trabajos a los que me llevó mis tan provechosos estudios , construí una familia , en compañía de mi pareja , tuvimos hijos , nos compramos un coche , nos compramos una tele... Y allí fue donde se estancó el mundo. 
  Allí fue donde descubrí, tíos en pantalones cortos ganado millones por perseguir una pelotita, donde vi aparecer un montón de gente que nos anunciaban como famosos y no los conocía ni su madre a la hora de comer, donde un montón de verduleros (y perdón a los de ese oficio por la comparación) se gritaban en un plató hasta despellejarse vivos, para acabar el programa tomando algo juntos y felicitándose por el gran “programa”. 
  Allí encontré una casa donde encerraban a un montón de desconocidos, a cuál más inculto e insolente, donde contra más chapucera fuera su vida, más seguidores tenían en la calle. 
  Pero la jodida frase me seguía persiguiendo… NIÑO, QUE TE PONGAS A LEER… 
  Un plató lleno de chicas que se humillan unas a otras por conseguir ser las elegidas por unos chicos tan guapos y estupendos que no consigues apartar la mirada de ellos….hasta que abren la boca. 
  Un montón de pseudoanalistas políticos llenos de forofismos sin sentido, analizan una vida política, donde precisamente, lo que se vende ese éso... La buena vida que se pega la política.
  Programas de humor que basan todos sus éxitos en reírse del personaje de turno, un pobre muerto de hambre que seguramente no hizo caso a la frase…NIÑO, QUE TE PONGAS A LEER. 
  Esa tele que escupe constantemente anuncios de comprar, pero nunca de pensar. 
  Programas de literatura enlatada y encasillada, donde te dicen que tienes que leer para ser moderno, quienes son escritores de verdad, quienes son de segunda división y a quienes ni siquiera hay que leer.
 Telediarios, telegrafiados, teledirigidos… teleincompetentes….
  Ese es el momento preciso, donde me levanto, apago la tele y me digo…. Tenían razón: MUCHO MEJOR QUE ME PONGA A LEER.