Introspección onírica

de Teresa Estévez



   Preguntaba un inquieto y novel duendecillo, a una avezada hada debajo de una seta -¿Qué es el tiempo?-a lo que argumentaba el hada- para algunos, un estorbo, un obstáculo, un impedimento, un freno, una molestia, algo que no aporta porque es un excedente y al parecer, todo lo que sobra, molesta.
  Sin embargo, para otros, es algo muy preciado porque para ellos es escaso. Se escapa entre los dedos casi sin darse cuenta, nace un día y muere sin más. El tiempo es tan relativo que para unos no pasa, mientras que para otros, no se detiene. Mientras tanto, seguimos allí, sin valorarlo, sin valorar la importancia de nuestro tiempo y de cómo lo usamos hasta que tenemos la amenaza de que se nos escapa.


  Incide el duendecillo -¿Qué valor debería tener el tiempo que transcurre entre dos personas que se miran y se sonríen? ¿O qué valor debería tener el tiempo que se escurre en una charla entre amigos? ¿El de una madre o un padre con sus hijos? ¿Qué valor tiene mi tiempo, o el tuyo, o el de ella y él y de todos los demás? ¿Acaso hemos aprendido a ser justos en la forma de valorar el tiempo que nos entregan o del tiempo que entregamos.

  Argumenta el hada -Todos sabemos que el tiempo es algo que nunca se recuperará y esta es la verdadera medida de su valor. Y comprender y asumir esta realidad, es una gran responsabilidad, porque nos lleva a reflexionar en todas esas personas que en las prisas del mundo actual se detienen a escucharnos, a darnos un consejo, a aguantar nuestros problemas, a compartir sus emociones, a ofrecernos su ayuda, a darnos una palabra de aliento, un buenos días, a tomar un café, a crear proyectos juntos, a darnos un largo abrazo sin necesidad de hacer servir la palabra, sencillamente, que se detienen a darnos el regalo más fascinante y maravilloso que nos pueden hacer. Dedicarnos su tiempo.

  Y pregunta el abispado duendecillo -¿Qué podríamos hacer para que las personas se detengan a pensar y comprendan y luchen día a día, minuto a minuto, por hacer posible la oportunidad de tener ese pequeño tesoro en forma de tiempo?, agradecerían más a las demás personas que están dispuestas a ofrecerles y regalarles una parte del suyo, ya que a menudo, suelen olvidar la importancia de estos detalles con mucha facilidad. 

  Tienes razón. Si perdemos la mágia, se acaba la ilusión. Y el hada, astuta como fémina que era.....propuso salpicar cada hogar con unos polvos mágicos y siguió comentándole - no hay necesidad de leer entre líneas para darnos cuenta de que alguien que comparte algo tan valioso con nosotros, nos está diciendo en el lenguaje de los sentimientos, que nos quiere, que nos valora y que disfruta de nuestra compañía. Y la mejor forma de corresponder a “esa querencia”, a “ese me importas”, es ofrecer de la misma forma nuestro tiempo. Cuando eso no ocurre se produce un desajuste.

  Y concluyeron que la mejor inversión que podemos hacer siempre, será dedicar tiempo a las personas que queremos y nos importan, porque el tiempo es el único que demuestra el valor del amor, de los momentos, de las personas. Regalemos vida, regalemos tiempo, porque es lo único que no se compra con dinero. Regalos materiales, te regala cualquiera, tiempo no.

  Así que azarosos y dispuestos, el hada y el duendecillo comenzaron su peregrinaje mágico, en horas nocturnas, por todos los hogares para que este problema de valoración se resolviese con la certeza de la reflexión, salpicando con unos polvos mágicos y dejando este mensaje.

  HACEDLO: amad, sentid, cantad, comed, bebed, disfrutad, haced el amor, leed historias maravillosas, sentid más, ¡¡vivid!!.
No seáis tristes y sórdidas criaturas de racionalidad pecata, beata y sin imaginación....Es cuestión de ¡¡REIVINDICAR LA VIDA ! ! más allá de las creencias y los prejuicios.

  ......Y después de esta introspección, las estrellas brillaron con más intensidad. Así que no olvidéis mirar con sabiduría, a partir de ahora, el destello del polvo de vuestras casas y reflexionad cuando la escasez de tiempo os robe vuestras vidas.