La venganza de las frases libertarias

de J. Daniel Aragonés



  Jornadas de reflexión en el bar. Personas del montón jugando a ser Dios. Inteligencias superiores hundidas en una zanja rebosante de excrementos. Médicos enfermos chutándose morfina en el baño del ambulatorio. Madres divorciadas que estafan a sus exmaridos y se emborrachan mientras juegan a las tragaperras. Igualdad a precio de saldo. Insultos errantes convertidos en carburante quemado. Smartphone de última generación con batería explosiva busca oreja masoquista. Videoconsolas de realidad física. Puñetazos de rebajas en el supermercado del barrio. Controladores de aparcamiento con complejo de policía zampa bollos y brazaletes de las SS. Barras de pan sin alma, o lo que es lo mismo, sin chorizo y queso. Padres que no dejan de soltar pasta a sus hijos cuarentones. Amores perdidos en busca de animales con el pelo mullido. Balazos que atraviesan cabezas huecas. Niñas, muñecas y cajas de antidepresivos. Tazas del váter rebosantes de páginas escritas. Niños, cochecitos y botellas de whisky barato. Espejos con restos de semen y sin nadie que los limpie. Prosa convertida en poesía, y viceversa. Niñas que son niños, niños que soñaban con ser niñas, da lo mismo, siguen siendo números mal vistos. Acordeones pidiendo limosna, ansiosos por encontrar alguien que los toque. Jugadores de fútbol que se bañan en oro líquido sin haber aprendido a leer. Escritores cavando agujeros en el hormigón con una simple cuchara y un endeble tenedor. Demonios en la cola del paro. Brujas comprando aspiradoras. Funcionarios adictos a las anfetas. Casillas de salida que ahora son metas. Rotondas repletas de maniquíes con vaginas, testículos y pantalones sin bragueta. Palomas de la paz armadas hasta los dientes. Ratas tetrapléjicas royendo huesos de aceituna rancios y fumando colillas con marca de carmín. Restaurantes que sirven carne de trabajador enfermo. Maltratadores con problemas de espalda debido al peso de las medallas. Consumidores, vendedores, captadores, destructores, y toda esa calaña que uno se encuentra mientras trafica heroína por las esquinas. Fotógrafos que utilizan lápiz y papel. Ingenieros que no saben tirar una foto pero usan la mejor cámara del mercado. Coches que caen por el mismo barranco creyendo que es un parque de atracciones. Fuego. Jack Daniel’s solo. Corazón de piedra, alma de porcelana y aliento de napalm. Dos hostias bien dadas que no se apellidan amenaza. Un adiós entre dos tostadas.