Siempre hay un culpable

de Juan Cabezuelo


   Es un día normal, de esos que "ni fu, ni fa", el tren traquetea como siempre, por la ventana, después de pasar los montones de basura que hay junto a la vía en el polígono industrial de Sant Adriá del Besòs ya no hay nada interesante que mirar, así que saco el móvil del bolsillo y me pongo a ver las publicaciones que me encuentro en facebook para entretenerme, pero nada, más de lo mismo, gente intentando vender sus libros (por cierto, ¿ya habéis comprado el mío?), poemas acompañados con fotos empalagosas de puestas de sol, miles de millones de eventos y decenas de frases ingeniosas que da la sensación que están participando por ver cual se lleva el primer premio a la pedantería. 

   Deslizo el dedo por la pantalla haciendo correr los posts de arriba a abajo sin prestarles mucha atención hasta que uno me atrae lo suficiente como para que lo abra, y lo que veo me deja de piedra. Casi no puedo creerlo, al principio pienso que no puede ser real, que debe ser una especie de broma de mal gusto o algo así, por eso lo veo un par de veces más hasta que me convezco a mí mismo que no es ninguna mentira. En dicho post sale un vídeo en el cual en una especie de vestuario de instituto, unos niños que rondarán los doce o trece años se están cambiando de ropa tras lo que supongo que habrá sido una clase de gimnasia, en dicho vestuario un niño del tamaño de un gorila (y por el brillo de inteligencia que tiene en la mirada yo diría que con el mismo nivel intelectual) agrede una y otra vez a un compañero suyo de mucho menor tamaño y peso mientras los otros niños ríen o sencillamente miran hacia otro lado. 

   La verdad es que cuesta creer que pasen estas cosas, el niño gorila le pega y le pega y por la expresión de su cara se ve que disfruta haciéndolo, incluso se permite el lujo de mirar a cámara y sonreír de vez en cuando. Como padre que soy, la idea de que ésto pueda pasarle a alguno de mis hijos, es un miedo que cada día sufro al verlos cruzar la puerta de casa camino del colegio, por eso me dispongo a leer los comentarios de dicho post para ver que opina la gente de ello y que soluciones se les ocurre, y es entonces cuando me sorprendo más todavía, decenas de comentarios piden la cabeza del niño gorila, "a la horca, a la horca" parecen gritar algunos. Otros dicen que si la víctima fuese su hijo irían y le darían una paliza al niño gorila, otros comentan que si el niño gorila fuese su hijo también le darían una paliza (vaya, parece que la solución está en las palizas, quizás el niño gorila no estaba actuando tan mal después de todo, sencillamente le estaba dando una paliza a otro niño, a lo mejor tenía un problema con el otro niño y lo estaba solucionando como estamos diciendo en esos comentarios que se solucionan las cosas, ¿no?). En unos comentarios más abajo alguien opina que la culpa es de los padres por no haber sabido educar a su hijo (menos mal que todos somos padres modelos y los mejores educadores del mundo y por eso estas cosas no pasan nunca y este es el único caso en el mundo, ¿verdad?, pues bajad de la puta nube y dadle un buen besazo en el culo a la realidad, criaturitas, pues por mucho ímpetu y ganas que le pongamos en educar a nuestros niños, no conocemos en absoluto a éstos de puerta de casa hacia afuera, y ese angelito que es nuestro ojito derecho puede ser el más cabrón e hijo de puta de todos los niños del colegio o del parque, incluso el niño apaleado del vídeo puede que no sea un santo y cuando se cruza con algún otro niño más débil que él le haga exactamente lo mismo, ¿os habéis parado a pensar en ello?). Más abajo los comentarios vuelven a la agresividad y a la venganza contra el niño gorila. En mi imaginación, que no es poca, veo al niño gorila en una imagen en blanco y negro, dentro de un viejo molino abandonado mientras una muchedumbre de pueblerinos armados con hoces, guadañas y antorchas le pegan fuego hasta verlo arder vivo.

   La verdad es que es un tema delicado, quizás toda esa muchedumbre tenga razón y haya que colgar del techo por los huevos al niño gorila, quizás habría que hacer responsables a los padres por los actos de su hijo, sí, ponerles una multa bien gorda que no puedan pagar y así joderles la vida, total, ¿no se arregla todo hoy en día a base de multas e impuestos masivos?. A lo mejor habría que meter al niño gorila en el reformatorio o incluso en la cárcel de adultos como otros comentan, así, como somos una sociedad que no cree en la reinserción de los presos, si no en el castigo, entraría siendo un bruto y saldría convertido en drogadicto, camello, violador, asesino, psicópata o cualquier otra cosa peor que resultaría de mucha más utilidad en las calles de cualquier ciudad.

   Sí, muy delicado el tema, si mi hijo fuera la víctima, pues no se que coño haría, si mi hijo fuera el niño gorila, pues tampoco tengo ni puta idea que coño haría, pero si me preguntáis qué quien es el responsable, éso si lo tengo claro, porque puede que el niño gorila sea el culpable, puede que sus padres sean los culpables, sí, incluso puede que el colegio sea el culpable, pero la verdad es que la culpa de que pasen estas cosas es llana y sencillamente nuestra. Sí, nuestra, así que no habrás tanto los ojos, deja de indignarte y como te he dicho antes, baja de la puta nube, pues nos hemos convertido todos en una panda de verdaderos gilipollas; estamos tan obsesionados con nuestros trabajos, que no somos capaces de educar a nuestros hijos. Hemos llegado a tal nivel de ser "esclavos convencidos" que no nos damos cuenta hasta que punto los tenemos abandonados. Hoy en día hay niños de 10 años que se tienen que hacer la cena solos (o la comida, o el desayuno), hay niños que van y vienen del colegio sin compañía ni supervisión ninguna, hay niños que entran y salen de sus casas sin nadie que le pida una explicación ni un "¿a donde vas?" o "¿de donde vienes?"; niños sin control ninguno de lo que ven en televisión, a que juegan en sus consolas o las cosas que miran ni las personas con las que se comunican por internet. Y es que para nuestro absorbente mundo laboral los niños nos molestan, ¿os habéis fijado que siempre nos estamos quejando de que los niños tienen mucho tiempo libre?, no queremos que tengan tantas vacaciones, queremos que tengan más horas de colegio (con la triste escusa de que más cantidad es sinónimo de más calidad, y no, amiguitos, todos sabemos de sobra que la cosa no es así) , los apuntamos a todas las actividades extraescolares posibles y siempre nos parecen pocos los deberes para que así estén bien quietecitos y callados en casa y no nos molesten cuando llegamos hechos una mierda de trabajar con el tiempo justo de ducharnos, cenar algo rápido, pegar las narices a nuestros dispositivos digitales y preparar las cosas para irnos a trabajar de nuevo al día siguiente. 

   Resulta increíble, pero en vez de reivindicar trabajar menos o que las empresas se esfuercen más en respetar la conciliación familiar para poder estar más tiempo con nuestros hijos y educarlos como es debido, lo que pedimos y deseamos desesperadamente es que ellos tengan mucho menos tiempo libre para así poder dedicar más tiempo al trabajo, y eso queridos míos, se llama SER GILIPOLLAS, así que ahora decidme ¿de quien es la culpa de que pasen éstas cosas?, si piensas que de los padres es que no has entendido nada, tío, la culpa es de todos los adultos en general, por haber permitido que el estado nos mangonee de tal manera que la situación afecta hasta al bienestar de nuestros hijos y encima no somos capaces de darnos cuenta de ello (vaya, ya he vuelto a decir que la culpa de todo lo que pasa es de todos nosotros, si es que cada día me parezco más a V de Vendetta).