La ventaja de no aspirar a nada

de Lucas Albor



      Llevo tiempo dándole vueltas al tema de los escritores. De la gente que escribe mal. De gente que escribe mal y publica sus libros mal escritos y te los vende como si fueran la octava maravilla del mundo. La novena maravilla si se trata de una secuela, y la décima si es una trilogía.
La rehostia, vaya. Top ten en Amazon. Bien. Ser escritor tiene cierto caché. Mola. Aunque escribas mal.

   Yo, como me paso por el forro toda esa mierda, he decidido empezar mi tesis doctoral y dejar mis futuras obras maestras para más adelante. Sólo por entretenerme. Porque me apetece. Sin aspirar a nada. Así que aquí estoy, en un despacho de la segunda planta de la facultad de Filosofía, reunido con mi futura directora, dándole vueltas al proyecto. Y todo son complicaciones. Hay que redactarlo de esta manera. El título ponlo así, no puede ser tan directo. Silencio incómodo. No vas a estudiar a un autor alemán sin saber alemán. Ortega está muy trillado. Etcétera. Así no se puede presentar.

   -Pero yo no voy a pedir beca. –la digo entonces. -Yo no aspiro a nada. Sólo quiero estudiar.

   Y a esa mujer, con sus sexenios, sus libros, sus artículos, y sus años de experiencia como docente, se le iluminan los ojos. Incluso parece rejuvenecer. Sonríe y menea la cabeza, incrédula.

   -¿No vas a pedir beca? La mayoría de alumnos quieren la beca. Quieren una plaza aquí.

   Yo no. Yo no quiero beca, no quiero nada. Entonces todo es más fácil. Si no aspiras a nada, se simplifican las cosas. Siempre.

   -La mayoría de alumnos no me plantean tesis como la tuya –dice. -Se centran en aspectos concretos de autores concretos, cuestiones neutras. Es la mejor manera de obtener plaza.


   Obtener plaza. Ser profesor universitario, como ser escritor, tiene cierto caché. Ahora, si quieres dar clases, agárrate los machos: tienes que ir a congresos y seminarios que no te interesan, tienes que redactar la tesis doctoral de tal manera que se ajuste a los parámetros de la comisión X, y de tal manera que cumpla los requisitos del departamento Y, y exponerla de tal manera que agrade a J, K, y M, que son los que van a decidir si te dan el puesto. Además, tienes que ir comiéndole la polla día sí y día también a todo lo que se mueva por la facultad y tenga más de 45 años. En conclusión, tu tesis va a ser una puta mierda, impuesta por tu aspiración a ser profesor titular. Si no aspiras a eso, todo es fácil, eres una especie de Moisés abriendo los mares: puedes presentar el proyecto que te salga de los cojones, puedes ir a los seminarios que te apetezca, puedes leer a quién quieras y cómo quieras. Y no tienes que ser políticamente correcto ni comerle la polla a nadie.

   Con los escritores pasa más o menos lo mismo, si no aspiras a obtener reconocimiento social, o a follar más de lo que follas, o a ganar más dinero del que ganas, puedes escribir con libertad. Incluso con libertad para no editar la mierda que escribes, si escribes mal. O libertad para ser decente con tus amigos y familiares y no venderles tu libro mal editado. Etcétera. Puede que incluso escribas mejor, si te olvidas de todo lo que rodea al hecho de escribir, pero que no tiene nada que ver con escribir. Piensa en ello un momento.

   Ya. Gracias. Tampoco hay que pensarlo tanto. Pasa lo mismo en cualquier otro ámbito de la vida: amigos, trabajo, sexo, familia, aficiones. Si no aspiras a nada, si no quieres conseguir nada de nadie, eres libre. 

   Aristóteles hablaba de eudaimonia para definir aquella actividad que es un fin en sí mismo. Felicidad. Otra de las ventajas de no aspirar a nada.