El arte de desaprender

de Teresa Estevez






  Que tonta y simplona la frase aunque suene bien, ¿verdad?

  Pues yo la defino como la asignatura pendiente de cualquier adulto, si pretende apostar por su esencia. Y creedme, ardua tarea por delante si tomamos consciencia.

  Cuando ponemos los pies en este mundo, somos una hoja en blanco. Nada por aquí nada por allá. Y tus progenitores los primeros, la escuela, los amigos, los allegados y los que no llegan, los admirados, los que te molestan, los que idolatras, después, todos empiezan a dejar huella en esa página. Ponen y ponen y siguen poniendo, es como una carrera ilegal, no hay límite. Es evidente e incuestionable que en edad temprana la voluntad y la mejor intención son el punto de partida, pero no deja de ser la visión de unos adultos que partiendo de su información y formación (la cual siempre es relativa y no objetiva, porque depende del bando que se la hayan contado) le darán nueva forma a través de su percepción, por lo tanto ya te está llegando distorsionada e intoxicada, y ahí empiezan a calar en nosotros las creencias y los prejuicios, que nos marcarán de por vida, haciéndonos a su imagen y semejanza. Y entonces surjen las expectativas para con los vástagos...que muy a menudo defraudan.

  En tal caso llegas a tu adolescencia con tal batiburrillo de datos, que posiblemente no va a conciliar con tu manera de ver la vida “in situ”. Y empiezas a sobrevivir distanciándote de papá y mamá. En ese momento entra en juego el “arte de empezar a desaprender” conciliando con el carácter implícito en tu ADN, claramente ese punto biológico y tus circunstancias van a ser una auténtica bomba de relojería. Y si has conseguido ser medianamente aceptable como individuo nobel, empezarás a tejer la red de tu propia selección natural. Para mí, la asignatura más difícil de la vida, porque por primera vez empiezas a cimentar eligiendo tú, pero con el agravante de que tu hoja emocionalmente ya no esta en blanco, si has tenido la suerte de que tus progenitores te hayan educado en la apertura de miras, apostando por el pensamiento crítico y las emociones, solo estará en ese blanco roto, tono que siempre nos inquieta, pero no nos merma. Por el contrario y que es lo más común, si tu educación ha sido forjada en un corta y pega de lo preestablecido y como singular forma de vida posible, basada en la única de las inteligencias (la matemática) ninguneando las emociones, eres carne de cañón! Y el camino será mucho más pedregoso. 

  De todas maneras no hemos de ser catastrofistas, es un patrón que se repite en todas las generaciones, en mayor o menor tanto por cien. Ahí entran las capacidades emocionales del individúo adulto y su neurona, pudiendo llegar con cierta dignidad a la madurez, haciendo una buena gestión del arte de desaprender y apostando por la simplificación que, como apunta Debruno Munari “simplificar es un signo de la inteligencia”.