Degradada Ciudad

  de Moribundo Insurgente 




           Me alejo del bullicioso centro y callejeo por el antiguo y marginal barrio del Raval. Hace un sol infernal así que me siento en una terraza cogida con pinzas y pido una clara de cerveza con limón.

    Es un barrio muy ajetreado, de gente humilde, raterillos y gente alternativa de todo tipo, un barrio que está dejando de ser lo que era en favor de la puta gentrificación, perdiendo el encanto que lo caracteriza.
    Una chica sale eufórica como una niña de una gran cadena de electrodomésticos con su nueva adquisición, seguramente un cacharrito de esos que atonta a la gente, quizá el ultimo modelo de iphone.
  Algunas personas se la quedan mirando mientras su novio siente vergüenza ajena.

    En la mesa de al lado dos bellas chicas se toman una cerveza mientras conversan de sus cosas. Una es latina, creo que argentina o uruguaya, la otra es italiana. A unos metros un chaval anda de aquí para allá, las ve, se les acerca y les suelta su rollo para ligar, sin mucho éxito. Cuando se va, las chicas se parten de risa y siguen a lo suyo.
    Mientras tanto no para de llegar gente pidiendo limosna. Un costra punk pseudoanarquista, con acento de fuera, su mochilón y su clásico perro sarnoso, que está muy bien lo de la libertad y eso, pero no molestes a los demás con las pulgas de tu cánido, ni con las tuyas.
    Una Señora pide 30 céntimos por un paquete de kleneex del Dia, y asegura que son milagrosos porque se les ha sometido a reiki. No se muy bien lo que es eso, pero paso.
    Un yonki se acerca a mi mesa, pasando de todas las demás, atraído seguramente por mis pintas, a las que sin duda identifica como "amigas", y me pide 50 céntimos. "Pero tío..., ¿donde vas con 50 céntimos hoy en día?" pienso mientras se los doy. Los coge y se va, sin pedir en otras mesas como hace el resto de mendigos urbanitas.

    No le he dado un sorbo a mi clara que ya viene otro pelma. Este es uno que dice ser poeta callejero.
  Vende unos pequeños libretos a los que llama chupitos, nombre puesto seguramente en una noche de borrachera a base de chupitos el día que gestó la idea. Hago memoria y recuerdo a este personaje: hace un par de años, cerca de donde me hallo sentado ahora, estaba con una amiga que le compró una de sus obras para regalármela, "poetas de luna llena", en folios doblados por la mitad fotocopiados en una máquina barata. Estos chupitos son de imprenta, en papel bueno... vaya, parece que no le va mal al chaval.

    Ya me he cansado de no poder estar tranquilo diez minutos y decido marcharme. Pido la cuenta y me quedo blanco cuando la miro: ¡6 Euracos por una clara ! -¿La cama incluida?- pregunto ante tamaña barbaridad. El camarero me mira indiferente, al fin y al cabo el precio no lo pone él, es un currante explotado como tantos otros que debe estar hasta las mismísimas gónadas de tener que justificar esos precios, así que no discuto mucho, pero me apunto el sitio para volver y marcarme un "sin pa", de aquellos de salir por la puerta grande. Me levanto y, asqueado, me propongo abandonar la degradada ciudad en la que se ha convertido mi lugar de origen, sabiendo que no volveré en muchísimo tiempo.