"A" y los hombres

de Manuel Gris


   Os voy a explicar una semana verídica, así que por muy absurda o extraña que os parezca, por mucho que digáis esta mierda no puede ser verdad, no existe gente así, creedme: todo ha pasado de verdad.


   La protagonista es una amiga (que no responde a las iniciales A.L.H., ni tiene de número de teléfono 617582164), la cual ha vivido una serie de experiencias que dan pistas sobre el lugar al que se va la humanidad. 
Y en especial los hombres. 
Y en especial el arte de ligar.
Y muy especialmente sobre lo que las futuras generaciones entenderán por “conocer gente”
Mi amiga, a la que llamaré a partir de ahora A para abreviar, posee una belleza extraña pero necesaria, de esas que no salen en las revistas ni los anuncios por miedo, no solo de los publicistas sino también de los dueños del producto en cuestión, a que la belleza femenina se coloque en los verdaderos estandartes, y no en esos donde hay caras de anoréxicas y sonrisas apagadas con productos ajenos enganchados al cuerpo que se consideran el no va más. 
Y que será aquello que nuestras futuras hijas, por desgracia, entenderán como “estar guapa”. 
También, para salirse más de la particular norma que mueve la general belleza femenina a día de hoy, tiene una personalidad arrolladora, una inteligencia afilada y, lo más importante, sabe escoger por si misma sin importarle lo que los demás puedan o no pensar de ella. Lo cual, como ya habréis comprendido, es algo que no abunda en esta sociedad cuya normalidad está en las tiendas cuya ropa fabrica niños desnutridos y medio ciegos, ni aquellas en las que venden camisetas con portadas de discos de heavy y punk, y que al vérselas puestas a alguna gente, sin dudarlo, votarías a favor por que las armas se pudieran llevar y usar legalmente en nuestro país. 
Dios bendiga la justicia justa de América.
Pues esta amiga mía no se come una rosca. O al menos durante los últimos meses (¿digamos 3?) ¿Por qué?, sencillo: porque ahora mismo los hombres no saben ligar o, al menos, las técnicas que usan no son como las de antes (y mira que me jode decir esto, porque me hace sentir viejo con solo 34 años). Entonces se basaba en conversar, en decir cosas interesantes/divertidas/llamativas que hacían que ellas quisieran seguir hablando con nosotros, y no como ahora que más bien parece una carrera de fondo.   
Pero creo que será mejor que hable de los hechos (100% reales) para así poder profundizar un poco en porque la gente de hoy en día no sabe, y a este ritmo ni sabrán ni les servirá en un futuro, ligar con las chicas.

Historia número 1:

Pongamos que eres una chica llamada A que sale con una amiga de fiesta, y que esta amiga trae a un tercer amigo que, para no estar solo con dos mujeres (Dios sabrá por qué eso es algo que hay que evitar) decide llamar a un cuarto.
A se encuentra con que el primer chico habla en todo momento con su amiga, por lo que la eliminación matemática hace que solo le quede el chico número 4 para poder conversar. Este, confiado por la situación (una confianza que, de nuevo, solo Dios sabe de dónde nace) se dedica a hablar con A sobre obviedades, ignorando completamente todos los temas interesantes que podría tener la posible conversación, hasta que llevado por esa seguridad que solamente él ve, decide colocar su mano grande y fuerte, y fría como una tenaza, sobre el muslo de A, que creo que no lo he especificado pero solamente la conocía desde hacía unos 15 minutos, con el resultado de un manotazo por parte de nuestra (porque a estas alturas entiendo que querríais estar ahí para ayudarla, como buenos amigos) amiga tratando de librarse del extraño e inexplicable contacto. 
Y decide levantarse e ir a bailar. 
Y el chico 4 decide que es buena idea ir tras ella. 
A, que sabe bailar mejor que él, a los primeros pasos se da cuenta de que el disfrute de la música y el arte de bailar están tan lejanos como el puto polo norte, así que se desprende del chico 4 con buenas artes (la bordería no entra en su vocabulario por algo tan importante, y a la vez tan abandonado en la actualidad, como la educación) y decide que es mejor tratar de disfrutar de la noche viendo qué la rodea, pues sabe que su realidad más cercana no es ni mucho menos algo que vaya a disfrutar a corto, ni a largo, plazo.
El chico 4 sigue soltando palabras que se encuentran con el vacío más puro al llegar a A, y entonces ella, por cansancio, decide sentarse en un sofá cercano. Es cómodo, así que sonríe.
Aprovechando esta situación, el chico 4 se sienta a su lado y sigue intentando robar algunas palabras de los labios de A, unos labios que ansía desde el mismo momento en que los ha visto, unos labios que, en cuanto ella dirige a la cara de él solo para hablar un poco y así no morir de aburrimiento, se encuentran con un intento de beso de 4. Nuestra amiga A hace un gesto negativo con la cabeza al tiempo que inclina todo su cuerpo hacia atrás (UNA COBRA, ¿sí?), y ahora viene lo mejor: cuando 4 ve que ella se inclina no tiene una mejor idea, supongo que porque en ese momento pensar no estaba incluido en sus planes, que seguir con su cabeza a la de ella, buscando esa meta que sus labios necesitan para poder tener algo que decir más tarde a los amigos. Y entonces A, cual ninja, hace un segundo movimiento negativo, hacia atrás y a la izquierda (SEGUNDA COBRA. Sí… ¡segunda!) mientras una risa burlona escapaba de su estómago, debido a lo absurdo de la situación.
Lo que dice el chico 4 es digno de alguien tan ciego como un perro disecado dentro de un almacén abandonado: Pero, ¿no es lo que querías?, había entendido que sí, ¿no?,  y la única respuesta de A, la única posible, es una aguda risa cuyo significado sería algo así como ¿En qué bar has estado tú metido? 
Y ahora es cuando tendríamos que hacer un dibujo en la pizarra, como los entrenadores de basket, para poder apreciar en todo su esplendor lo que acaba de pasar. Alguien no solo ha vivido algo tan común (que levante la mano a quién no le han hecho una, por favor. Gracias) como vergonzoso una vez, sino DOS en apenas 1 minuto. Ha sido protagonista de una situación que, si existiera un libro donde se apuntasen las cagadas más brutales de todo el sector masculino mundial estaría delante, solamente, el chico que se lía con un travesti llevado por el alcohol mientras todos los amigos le hacen fotos, y del que se acuesta con la mujer de sus sueños y, nervioso y colocado, le vomita en la cara.
¿Y por qué alguien es capaz de vivir algo así?, ¿una Doble Cobra (que tiene nombre de un golpe especial del Double Dragon)? En primer lugar porque la calma, el sosiego, el hacer las cosas poco a poco y por orden es algo que en esta sociedad llena de prisas y de ganas de tener lo que se tiene ¡ahora! no está, por decirlo de un modo suave, bien visto. En este mundo que hemos creado todo tiene que ser ahora, o no tenerlo. La intriga del qué pasará, del qué me espera en esta charla, o la diversión que otorga el saber que, si lo haces bien y sabes jugar bien tus fichas, conseguirás tus objetivos, no es algo que se practique últimamente. 
Y no hablo solamente de ligar (supongo que lo habíais entendido). 
La idea generalizada de que hay que hacerlo todo en el presente está haciendo que pocos sean los que disfruten de algo tan bello y divertido, algo tan cojonudo se haga bien o mal, como es el noble arte de hablar con alguien del sexo contrario, jugando y tratando de llegar a algún lado, con ese tira y afloja divertido y sensual que hace que de verdad valga la pena conseguir el premio al final de la noche. O no conseguirlo, pero al menos haber aprendido algo útil. 4 no supo ni esperar ni comprender lo que A le decía sin decírselo y, lo peor de todo, se lanzó de cabeza a una piscina sin agua y, después de abrirse la cabeza en ella, decidió que el problema había sido no saltar con todas sus fuerzas, así que salió, se volvió a colocar en el borde del trampolín, y esta vez dio un doble mortal.

Resultado: estoy escribiendo sobre ello y, como todo el mundo sabe, las letras son eternas. Nunca morirán. Así que, quizá dentro de 5 años alguien leerá de nuevo esto y 4, también de nuevo, volverá a ser el hazmerreir. 
Y así por los siglos de los siglos.



Historia número 2 (mi favorita):

Charlar con una chica sin buscar nada es, sin duda, lo mejor que se puede hacer (creo que ya ha quedado claro antes), sobre todo si no la conoces de nada. Porque cuando todas las palabras que salen de tu boca tienen el único fin de llevarte a la cama a alguien se nota. Y mucho. 
Y demasiado.
Al día siguiente de lo ocurrido con 4 (sí, A tuvo un fin de semana la hostia de divertido (sarcasmo en ON)), nuestra amiga salió de nuevo, llevada por esa esperanza que todavía tenía en que podía pasárselo bien ese fin de semana, y conocer gente, y que un servidor hace tiempo que lo abandonó cerca de la cloaca más cercana a la última discoteca donde me cobraron 5 euros por una lata de cerveza echada, sin gracia, en un vaso de plástico caliente (y la discoteca es Razzmatazz). Pero A es una chica que quiere pasarlo bien, y que como una chica inteligente que es sabe que una mala noche no significa que el resto vayan a serlo también. 
Y tenía razón; más o menos. 
Salió con unos amigos que, como es habitual, trajeron a nuevos amigos, y las charlas y risas empezaron a flotar por el aire junto con las promesas de una noche llena de diversión. Pero no podía faltar, de nuevo, el intento torpe y trillado de sacar un tema (de esos que te recomienda un amigo para poder entrarle a la chica que te parece interesante) que no controlas tratando de quedar como alguien curtido en la materia. Porque es importante ser seguro y confiar en ti mismo, sí, pero eso no tiene nada que ver con que te digan que a la chica, en este caso A, le gusta el vino, y le preguntes: ¿Y qué opinas del txacolí?, me gusta mucho. ¿Se escribe con ”n” al final, o sin?
Eso es cagarla a un nivel similar a como lo hizo el tipo que le llevaba las cuentas a Al Capone.
Dolorosamente verídico. Creedme.
A, cuya educación es como ya he dicho a prueba de bombas, solo pudo contestarle si de veras lo decía en serio, mientras pensaba que el txacolí no es la clase de vino que una enóloga, como es ella, pondría en una de las catas a las que tantas veces había ido. Pero el chico de aquel sábado, seguramente sin haberse dado cuenta del error que acaba de cometer, decidió que hablar como hasta ese momento iba a ser la mejor opción, aunque no supiera bien bien que estaba diciendo ni era consciente de hacia dónde iban dirigidas sus palabras, ya que de nuevo el hecho de haber conocido a A hacía menos de 15 minutos fue totalmente ignorado por el amante de txacolí. Así que decidió seguir adelante con el flirteo, con algo de habilidad, hasta que, sin venir mucho a cuento, soltó otra frase que (me parece intuir) buscaba que nuestra amiga A viera que era una persona sensible y que no había tenido suerte en el amor hasta ese momento: No sé por qué será, pero las novias siempre me dejan pasado un año y medio. ¿Por qué dijo eso?, nadie lo sabe (puede que ni él mismo lo supo en ese momento) pero A optó por una respuesta que este humilde narrador, y vosotros también lo haréis cuando la leáis, aplaudo: Eso es muy triste, ¿no?
Plas Plas Plas, con el público en pié.
La sorpresa viene ahora, porque A, confiando en que aquella extraña conversación fue fruto de la falta de amistad y, seguramente, la insistencia de los amigos comunes, decidió darle su teléfono al chico del txacolí, y empezaron a chatear el lunes. 
Las frases de ella eran en todo momento claras y sin dobles sentidos, y respondían a esa cosa desconocida para las generaciones más jóvenes llamado “conocer a alguien del sexo contrario sin buscar nada más”, pero el chico de txacolí era insistente, y jugando la baza del vino, que ya estaba claro que no era su fuerte, le propuso a nuestra amiga una quedada el jueves próximo, para tomar algo en una bodega, plan que A tendría incluso con su peor enemigo solo por el placer de evadirse disfrutando de un modo cultural, más que ebrio, de nuevos y exquisitos caldos. ¿Y cómo podía cagarla de nuevo nuestro solitario chico del txacolí?, pues fácil, dejando claras sus intenciones en un momento en el que ya tenía una cita semi programada, sugiriendo que antes de los vinos podrían hacer una cata de mojitos en un bar muy bueno que conozco en Castelldefels. Sí, exacto: es donde él vive. 
Aquí nuestra amiga A estaba ya empezando a tener clara la idea que aquel chico txacolí tenía con respecto a su encuentro, pero por si en algún momento la duda trataba de hacer sombra a lo casi obvio, fue la despedida lo que colocó todos los naipes en una posición en la que solo podían caerse del mismo modo que un edificio implosionando y ardiendo antes de llegar al suelo.
Textualmente las palabras de él fuero Un Besito Para Ti, justo después de mandarle una foto que trataré de describir ahora con todo lujo de detalles:
En la imagen se le veía al chico desde la mitad del pecho, desnudo, hasta más allá de la punta de su peinado de última moda. Estaba tumbado en la cama, y sus labios hacían el reconocido gesto de morros de Pato Donald mientras guiñaba uno de sus ojos de un modo claramente sensual.
La respuesta de A fue: Nos vemos el jueves y el emoticono del puño cerrado y el pulgar en alto: OK. 
Aunque en este caso, más bien sería un KO.
No sé qué se le debió pasar al chico txacolí por la cabeza para mandar una foto así a alguien a la que no solamente conocía de una noche, y con la que había hablado solamente dos días por chat de un modo amigable, sino con la que además no había tenido ningún tipo de contacto íntimo. No lo sé. Aunque supongo que si nos ponemos a analizarlo volvemos al mismo problema que el chico 4 tuvo, y que toda una generación tiene a día de hoy, que es el hecho de no saber hacer las cosas a un ritmo ya no normal, solamente pediría que fuese sensato y acorde con lo que se entiende por Homo Sapiens. Porque es fácil mal interpretar a alguien, muy fácil en verdad, pero hay una sutil diferencia entre eso y no entender un No, o directamente inventarse mensajes o señales que primero no se hicieron, y segundo, en caso de que se hubieran hecho, eran fruto más de un ataque de gases por mala digestión que por un interés de carácter sexual.
El mundo en el que vivimos está muy mal de la cabeza, demasiado mal, y antepone el sexo a la amistad, los actos al conocimiento, y los cuentos de lechera a la verdad lógica. Pero en parte nos lo estamos ganando. Lo merecemos. Porque vivimos en una sociedad donde la forma de ligar más reconocida y eficaz está en una aplicación con mil fotos digitales, en lugar de en una conversación en persona y mirando a alguien a los ojos, y eso dice mucho de nosotros como especie y sobre el respeto y el amor que le tenemos a nuestros semejantes. O el miedo, mejor dicho.

Resultado: el siguiente mensaje que recibió el chico txacolí fue un escueto Al final tengo una reunión a última hora. Lo siento. Nos vemos., de una, todavía, educada y amable A a las 14:43 de medio día del jueves.
Esa noche nuestra amiga no se rindió y salió con una nueva amiga, al Jamboree.
¿Qué le pasó esa nueva noche?, bueno… eso es otra historia