Una mañana cualquiera

de Juan Cabezuelo




   Es una mañana normal de principio de primavera, algo fría y coqueta, en el cielo se puede observar ese fenómeno de poder ver la luna y el sol al mismo tiempo (la verdad es que no sé si es un fenómeno o lo más normal del mundo,
pero a mí siempre me ha llamado la atención). Hace un día precioso, de ésos que no te apetece que venga ningún gilipollas y te lo joda; la mochila al hombro con media casa encima (la maldición de todos los nómadas) me pesa menos que otros días, y en el tren puedo sentarme junto a la ventana en mi lugar favorito, si, seguro que hoy nadie me jode el día. 

   El paisaje se desliza frente a la ventana del tren de forma regular, cuando miro por ella me gusta imaginar que estoy en una exposición de pinturas y voy pasando de cuadro a cuadro apreciando el precioso estilo realista del anónimo pintor; puedo observar a jardineros cortando el césped con pequeñas máquinas que se le revelan, ropa tendida en balcones balanceándose con las caricias de la brisa matutina, personas hablando entre ellas mientras sus perros juguetean al sol de la mañana y buscan un sitio donde hacer sus necesidades, gaviotas pintando surcos imaginarios de colores en el cielo y preciosas jóvenes universitarias con carpetas de la UAB de Barcelona bajo el brazo... si, cada vez estoy más seguro, nadie podrá joderme el día. 

   La llegada a Barcelona se realiza con normalidad, el trayecto en tren no ha tenido ningún incidente notable,  así que después de cincuenta kilómetros y una hora y diez minutos de hombros chocando entre si y moverse de un lado para otro para dejar  subir y bajar a las personas (los desafortunados que no han podido sentarse en su lugar favorito como yo) me bajo del tren y me dispongo a hacer el transbordo de tren a metro en la estación de "CATALUNYA".

  Por el pasillo del metro me mezclo con el resto de personas que le dan vida a esta ciudad, gente con prisa por llegar o "desllegar" a sus puestos de trabajo o zonas de estudio. Camino calmado, siempre salgo con bastante tiempo para no tener que correr y poder observar la vida, así que me echo a un lado y dejo que los más apresurados recorran con prisa su camino; a mitad de pasillo me cruzo con una pareja de hombres muy corpulentos, con uniformes azules, chalecos antibalas y armas automáticas entre sus manos (o semiautomáticas, o desautomaticas, no lo sé,  nunca he entendido de armas, sólo sé que son grandes y negras) patrullando por el pasillo de transbordo. Llegado al andén del metro puedo observar que otra pareja de policía está vigilando la entrad al túnel; camino a lo largo del andén como animal de costumbres que soy para llegar al punto exacto del andén donde me gusta esperar al metro (que es exactamente en la otra punta del andén por donde entro), en ese trayecto me cruzo con otra pareja de policía vigilando la mitad del andén,  y cual es mi sorpresa que cuando llego a la otra punta veo lo que iba sospechando mientras recorría el andén,  otra pareja de policía vigila esa zona.

   Me paseo nervioso por el andén pensando en qué puede estar pasando, me fijo en el andén de enfrente y puedo observar que la situación es exactamente igual,  cuento con los dedos (las matemáticas no son lo mío) tres parejas de policía por andén,  dos andenes que tiene la estación y la pareja blindada del pasillo de transbordo, éso hacen... (2+2+2)×2+2=14, catorce policías en una estación de metro. Busco explicación para tal despliegue policial mientras miro el indicador que indica el tiempo entre metro y metro (dos minutos y trece segundos), pienso en que a lo mejor estamos en estado de máxima alerta (Dios, seguro que hay un jihadista con una mochila bomba cerca, o carteristas organizados entre ellos de forma masiva, a lo mejor algún loco asesino en serie que actúa a plena luz del día tiene pensado masacrar a medio metro de Barcelona, o quien sabe, quizás los padres de ET vengan de camino para vengarse de la humanidad por lo mal que trató a su hijo el gobierno norteamericano)  pero escucho a un hombre decirle a su mujer,

   -He leído en el periódico que todo ésto es para echar a los manteros...-

   Me subo al metro consternado, me cuesta creer que todo ese dispositivo policial sea para evitar que unos chavales vendan ADIDAS falsas. Entre mensaje y mensaje orwelliano difundido por el sistema de megafonía en plan POR SU SEGURIDAD ESTA ESTACIÓN ESTÁ DOTADA DE CÁMARAS DE VIDEOVIGILANCIA escucho a una mujer comentar que desde que la policía está en el metro a ella no le ha ocurrido nada malo, le pregunto de forma inocente si antes de que la policía ocupara el metro le habían ocurrido muchas cosas malas, la mujer me contesta que ninguna y me mira extrañada.

   Me bajo en mi estación,  salgo a la calle y me siento en el mismo banco del mismo parque donde me siento a diario para comerme mi sandwich antes de entrar a trabajar, pienso en qué frágiles somos ante la cultura del miedo, como nos dejamos engañar ante cualquier posible amenaza y nos dejamos arrebatar derechos por sentirnos seguros, (antes había un pastorcillo que gritaba QUE VIENE EL LOBO, ahora son los medios de comunicación los que gritan QUE VIENE EL MORO, o EL ÉBOLA, o E.T.A., o LA CRISIS, o LOS ANARQUISTAS...), como dicen los DEF CON DOS, "es preferible la injusticia al desorden", una vieja norma con olor a rancio que estamos dejando que nos instauren de nuevo.
   
   Yo particularmente prefiero vivir sin miedo, observar la vida y pensar por mí mismo, porque en esta vida ya hay demasiadas cosas por las que preocuparse como para dejar que nos aterroricen con cualquier tontería,  pero claro, por suerte no todo el mundo es yo, y de tanto pensar se me está indigestando el sandwich, por cierto, que coño es esa luz en el cielo, los padres de ET seguro. No, si ya sabía yo que al final algún gilipollas acabaría jodiéndome el día.