El trabajo os hará libres

de Lucas Albor


   Llevo tres noches sin dormir. Pero aún así suena el despertador, demasiado pronto, por supuesto, un manotazo, a tomar por culo. Después me incorporo, me arrastro a la cocina, caliento el café de la noche anterior,
enciendo un cigarro y cierro los ojos, ahogando un bostezo.

 El caso es que tengo esa entrevista de trabajo. Y necesito el dinero. ¿Motivación? Ninguna. Sin embargo, decido acercarme hasta allí, por si las moscas. Salgo de casa, cojo el metro, me planto frente a un bloque de pisos de oficinas. Con mi resaca y mis tres noches sin dormir, pero bien peinado y con un polo, que ya es bastante, ¿no? Intentando disimular las ojeras y las ganas de estar en cualquier otra parte, claro. Apuro otro cigarro y cruzo la puerta y me acerco a una especie de mostrador.

 -Hola, buenos días. –sonrío a la recepcionista. –Preguntaba por Sandra H.

  -Sí, un momento, ¿has traído el currículum?

  Claro que he traído el currículum, cielo. Ahí lo tienes, mira. Lucas Albor, famoso escritor en horas bajas. No, perdón, aspirante a escritor. No, joder, tampoco. Lucas Albor, déjalo en que soy un chaval simpático.

 -Rellena este formulario y espera ahí, ¿vale? –me dice. - Ahora mismo te atienden.

 La chica rebusca entre sus papeles y me lanza el formulario por encima del mostrador, después se gira y teclea algo en la computadora. Ok, cielo, mil gracias. Me siento en unos sofás y miro la hoja. Fecha de inicio, fecha de fin, empresa, motivo del cese. Esto mejor ni os lo cuento. Ya sabéis, ese jodido bucle, tirar ocho o diez horas cada día en curros de mierda, día tras día. Hasta que te quemas y lo dejas.

 Así que me invento cosas, puestos de trabajo maravillosos, mejoras salariales, ascensos, incentivos. De repente soy un as del mundo empresarial. Todo mentira, claro.

 Después entro con mi rollo de escritor famoso y mi formulario en una especie de despacho donde hay otros diez o doce tíos, ahí sentados buscando el trabajo de sus sueños. Busco una silla libre y miro alrededor. Lo de siempre, todos agotados, destruidos, muertos, aturdidos por el sistema. Entonces entra Sandra, por supuesto sonriendo, y empezamos:

 -Bueno, lo primero daros los buenos días a todos. –dice, y sonríe MÁS. –Supongo que tenéis claro el puesto  para el que habéis presentado la candidatura, ¿verdad?

 Y sonríe MÁS y MÁS y MÁS. Parece como si algo le tirara desde las orejas, forzándola a juntar los labios hacia arriba.

 Uno de los candidatos responde, repitiendo palabra por palabra la  descripción de la oferta de empleo que aparecía en el portal digital de turno. Pareciera como si se lo hubiera aprendido de memoria. Os lo juro. Enhorabuena, chico, tienes un punto. Bravo.

 Sandra vuelve a sonreír y detalla las características del puesto. Una puta mierda, por si os interesa. Salario BRUTO 7 euros la hora, no voy a dar más detalles. Aún así aguanto, sólo por probarme. Sandra nos va preguntando uno por uno: cualidades para el puesto, experiencia laboral, y lo más importante, POR QUÉ QUIERES ESTE TRABAJO.

 Y los aspirantes, uno por uno, van soltando sus gilipolleces, cosas que han visto en la tele, cosas que han leído que funcionan, todos intentan sonreír y demostrar que son los más capacitados para el puesto, y sobre todo, que lo que más desean en su vida es este trabajo. Un puesto de 7 euros la hora. Bruto, 7 euros la hora en bruto, no lo olvidéis.

 -Soy una persona PROACTIVA y RESILIENTE. –dice uno.

 -He trabajado durante 5 AÑOS en el sector. –dice otro.

 -Me encanta el trato con el público.

-Este trabajo se ajusta a mis expectativas de CRECIMIENTO PERSONAL.

 -Soy POLIVANTE y ME GUSTA TRABAJAR.

 Me gusta trabajar. Os lo juro. Como para ponerse a vomitar allí mismo. Entonces Sandra me mira, pregunta algo, le paso el currículum y el formulario, y SONRÍO. Pero no se me ocurre nada. Quiero decir, se me ocurren cosas que me van a excluir del proceso de selección. Pero aún así lo suelto, por si las moscas.  

 -Antes trabajaba en XXXX pero era una pesadilla. A mí lo que me gusta es escribir. El problema es que escribiendo no ganas dinero, ¿sabes? Es jodido, hay mucha gente intentándolo.  Simplemente necesito el dinero.  Nada más. No espero que este trabajo me aporte nada, de verdad, nada en absoluto. De hecho, me parece una puta mierda, el salario, las condiciones del trabajo, los horarios, todo. Pero lo necesito.

 Sandra, claro, deja de sonreír inmediatamente. Me devuelve el currículum torciendo el gesto. En algún lugar del gran organigrama social se enciende una bombillita roja, suena una alarma. El resto de candidatos me miran como si fuese una especie de bicho, un insecto, algo desagradable, inservible.

 Entonces me levanto despacio, sonrío a todo el mundo, y me largo de allí. Me despido de la recepcionista, claro, soy un chaval simpático. Salgo a la calle y pido un café en el bar de la esquina.  Por lo de las noches sin dormir, ya sabéis, las ojeras, todo ese rollo. Intentando espabilarme. En fin, qué queréis que os cuente. Quizás el problema sea ese, sabéis, que no me gusta trabajar, y menos por 7 brutos la hora. Quizás el problema sea mío, no lo tengo muy claro.