Príncipe azul

de Moribundo Insurgente



      Buscáis un príncipe azul que no existe. ¿Será la sociedad?, ¿serán los genes?, ¿será el legado que se recibe en la infancia?.
   Ya de pequeñas os cuentan cuentos de un príncipe azul, alto, fuerte, guapo y mejor persona que aparece

en su caballo blanco para salvar a la joven doncella, o que se enamora de una joven plebeya, y crecéis con ese cuento en vuestro subconsciente, creéis que es posible, que sois princesas como os llamaban de pequeñas cariñosamente y buscáis sin remisión a ese príncipe azul de vuestra infancia, persiguiendo así un fantasma, descartando al resto de los mortales.

   Cuando envejecéis os dais cuenta de que el príncipe azul no existe, que no es más que eso, un cuento.
   Entonces echáis la vista atrás y veis con tristeza que habéis perdido el tiempo y media vida buscando una utopía y habéis prescindido precisamente de esos príncipes azules que teníais al lado, que besaban el suelo que pisabais, que os llevaban como a reinas y habéis renunciado a ser felices y os preguntáis por qué no os disteis cuenta de que ya teníais al príncipe de vuestro cuento y lo dejasteis perder en vuestra cafre búsqueda nihilista.

   De repente os miráis al espejo y no os gusta lo que veis, os dais cuenta de la situación y la prisa biológica toma las riendas de vuestra vida, no queda tiempo, entonces os quedáis con el primero que pasa y os hace caso, pasáis de querer al príncipe azul a conformaros con la bruja de la manzana envenenada.
   Aun así persistís en vuestra contumaz búsqueda del príncipe azul, "debe existir" os repetís ya sin mucha convicción, y seguís con la herencia familiar contándole los mismos cuentos a vuestra prole, a vuestras princesitas, los mismos cuentos que os jodieron la vida a vosotras: "Tal vez ella lo consiga" pensáis sin mucho optimismo.

   Mientras tanto, el mundo está lleno de príncipes azules errantes.