Miserias

de Lucas Albor



      Hay de todo y para todos los gustos. Hay gente que viene a lamerte el culo pensando que puede sacarte algo, aunque tú no tengas nada, y ellos sepan que no tienes nada. Gente a la que quizás hace cinco, diez años que no ves, y de repente aparecen, doblando la esquina:



   -Oye, ¿has publicado un libro? ¡Joder, enhorabuena¡ ¿Dónde se puede comprar? Por cierto, es que tengo un colega que también escribe, y verás, no sé, podrías hablar con tu editorial…

   Son como sanguijuelas. “Mira, chico, verás, no me acuerdo de cómo te llamas y no tengo el gusto de conocer a tu amigo, así que…”

  Hay gente que sencillamente te odia por haber editado, y que ni siquiera te conoce. Ese hijo de puta, dicen, es una rata, un traidor, no es auténtico, se ha entregado a la moralidad burguesa, la compraventa capitalista. Pero luego ves que les publican un poema de mierda en una revista digital de mierda, y se ponen como locos, se corren de placer.

   -Ahora que han reconocido tu talento. –me dicen. -¿Te vas a poner a escribir de verdad?


   Hay gente que se cree Allen Gingsberg, Neruda, Gamoneda. O gente que piensa que basta con emborracharse y vestir grunge y quemar contenedores.

  Hay gente que busca formar parte de ciertos círculos, supuestamente alternativos, acercarse a la gente guapa y elegante, ya sabes, estar en la onda. 

   Hay gente que escribe mal y en el fondo les da igual, porque lo que cuenta es esa pose, estar en los recitales, dar la imagen.

   Hay de todo, y para todos los gustos. Envidia, egolatría, inseguridad, miedo, ganas de follar. De todo menos poesía, de todo menos literatura.

   Pero a mí todos esos me pueden comer el rabo tranquilamente. Yo sigo a lo mío, levantarme por las mañanas, escribir, hacer deporte, comer sano, controlar las crisis de ansiedad, la depresión, las pesadillas, el alcohol, etc. 

   En serio, bastante he tenido ya con mi propia vida, para que vengáis ahora a tocarme los cojones, vosotros, y vuestras pequeñas miserias.