Colores

de Juan Cabezuelo


   El azul me sienta bien, no es un color que me apasione realmente, pero he de reconocer que cuando me pongo alguna prenda de vestir de este color no me sienta mal del todo, me gusta el negro, pero cuando voy vestido de este color todo el mundo me
dice que me hace muy paliducho, aunque yo me miro al espejo y pienso -estoy estupendo- . Me cruzo por la calle con una chica vestida de rosa, de los pies a la cabeza, con un chándal muy ancho y letras chillonas, me muerdo el labio para aguantarme la risa mientras miro hacia otro lado, me parece la cosa más hortera que he visto en mi vida, pero entonces observo como me mira la persona que tengo al lado, es un caballero trajeado que me mira de arriba a abajo, puede que no le gusten mis converse rotas, mi camiseta de Johnny Cash o mi abrigo gris. 

   Encuentro un asiento en el tren (vaya, es mi día de suerte) y me siento a pensar en todo ésto, saco mi libro de la mochila y por curiosidad me intereso en que lee la persona de enfrente, entre sus manos se encuentra un raído ejemplar extraído de alguna biblioteca de "ÁNGELES Y DEMONIOS", me pregunto como la gente puede leer esa mierda industrializada creadora de polvo masificado en las estanterías de Carrefour, pero esa persona se lo está devorando sin apenas pestañear. Yo si que estoy leyendo un gran libro, el que acabo de sacar de mi mochila si que es verdadera literatura, además me lo he leído como veinte veces y cada vez me gusta más,  así que lo abro todo orgulloso para que todo el mundo pueda leer el título (HAMBRE, de Knut Hamsum) y darse cuenta de que yo leo literatura de calidad y no esa porquería que leen ellos (pero ahora que recuerdo, cuando le dejé este libro a una compañera de trabajo me lo devolvió al otro día diciéndome que era una mierda, que no se enteraba de nada y le aburría eternamente, ¿qué curioso?).

   Una vez hecho el transbordo de tren a metro, no puedo evitar escuchar las conversaciones que tienen mis semejantes alrededor, el que no discute con su amigo de fútbol opinando que el equipo de éste no sabe jugar, debate con su acompañante sobre que marca de calzado es la mejor, compara su coche en la eterna discusión de que "el mío es mejor que el tuyo", o que bonito era el hotel de sus vacaciones reprochándole al otro que donde él estuvo no tenían tantos servicios adicionales.

  Y es que el ser humano es egocéntrico por naturaleza, no somos capaces de comprender ni respetar que otras personas piensen o tengan gustos distintos a los nuestros; que prefieran escuchar RAP o música clásica a pop o heavy metal, que se lo pasen mejor en la montaña cuando a nosotros nos encanta tostarnos al sol en la playa o que unos prefieran viajar en autobús y otros en metro (hay ejemplos más complejos, pero a mí me gustan los simples y de fácil comprensión... vaya, ésto también sirve como ejemplo). Puede que tuviéramos que esforzarnos un poco en respetar y comprender los gustos y las opiniones del resto de personas, ya que no estamos sólos en el mundo y algo precioso que tiene el ser humano por naturaleza es la libertad de opinión, pero como he dicho antes, para éso hay que esforzarse, y parece que últimamente estamos un un poco vagos en el tema.


   Llego al trabajo y mi compañera me enseña contentísima el anillo que le ha regalado su pareja por su aniversario, a simple vista me parece que su pareja es un "jetas" que se ha ido a comprar a una ferretería y le ha puesto una tuerca en el dedo a la pobre, pero la miro a la cara y está super feliz, se me escapa una sonrisilla y pienso en que opinión tendrá ella de los pantalones que llevo hoy puestos. Me acerca el anillo todavía más para que pueda apreciarlo bien, la veo tan contenta que al mirarlo de nuevo me parece precioso, y es que recordarlo amigos... para gustos, están los colores.