¿Tecnología?, no es lo mío

   de Juan cabezuelo



   Siempre me he considerado un gran seguidor de la filosofía de Theodore John Kaczynsky (aunque su manifiesto me lo bajé en pdf por internet, curiosa paradoja), nunca me han gustado los ordenadores ni esas cosas, soy de ésos que miran al ordenador, el
ordenador lo miran a ellos y rezan por que no se rompa la tregua. Y es que la tecnología no es lo mío (o por lo menos, no lo era), de pequeño vi la película "CORTOCIRCUITO" y desde entonces crecí con la paranoia de que las máquinas conquistarían el mundo, y todo lo que tenía que ver con la informática me aterraba (vamos, que era el único niño que hubiese llorado si sus padres le hubiesen regalado una videoconsola, si existiesen en aquella época, claro), y es que por aquellos tiempos era muy feliz agujereándole el suelo a mi madre con mi peonza e intentando meter las canicas en un hoyo para hacer "GUA" (jodidas canicas, no fui capaz de meter ninguna en aquellos agujeros aunque fuesen igual de grandes que el gran cañón del colorado), la pelota de fútbol estaba pelada de recibir tantas patadas (incluso se llevó alguna que otra visita al zapatero para que le reforzase las costuras, porque en aquella época no te regalaban otra pelota si rompías la tuya así como así) y todos teníamos las rodillas peladas por subir a los árboles del parque o echarnos unas peleillas de vez en cuando, cosa que nos servía para impresionar a las niñas,  y si no lo conseguíamos, pues nos arrancábamos las costras de las rodillas delante suyo y asunto concluido.

  De niños (cuando yo lo fui) la vida era distinta, a partir de las cinco de la tarde o en los meses de vacaciones, podías ver grandes jaurías de pequeños cachorros humanos recorriendo las calles, husmeando e investigando todo lo que se encontraban a su alrededor, con las zapatillas cubiertas de barro y los bolsillos llenos de cualquier utensilio inútil que se hubiesen encontrado por el suelo y en los cuales sus imaginaciones encontraban mil y un uso.

   Hoy en día los niños dejan de ser niños para transformarse en el subproducto del producto, las calles están desiertas de ellos (vale, es una exageración) , se comunican por whatsaap aunque estén unos al lado de otros, el móvil se ha convertido en un miembro indispensable de sus cuerpos, en ellos encuentran música, cine, pornografía (joder, con lo que me costaba a mí esconder las revistas porno en mi habitación sin que las viera mi madre), vídeos,  información,  juegos y un largo y agonioso etcétera que los tiene esclavizados con sus caritas pegadas a esas putas pantallas. Los hogares se han convertido en una silenciosa y pesada losa donde después de cenar los miembros de la familia se aíslan cada uno en el ciberespacio de sus iPhones o ipads. Las conversaciones se han extinguido, el calor de la familia se busca en un perfil de Facebook y el "-Papá,  mira lo que hago-, -¡Muy bien cariño!-" ha degenerado a "-Papá, mira lo que me han mandado-, -Ahora no cariño, que me están mandando otra cosa-"; y no será que a lo mejor la culpa es un poco nuestra, que nos hemos dejado hipnotizar por este exótico y atrayente mundo de la tecnología personal y poco a poco hemos ido dejando a un lado a nuestros pobres niños hasta el punto que han encontrado la forma de llenar esa ausencia de cariño, esa necesidad de que alguien les haga caso, en el fondo de la pantalla de sus móviles. No sé, no me hagáis mucho caso, como ya os he dicho antes, esto de la tecnología no es lo mío... vaya, tengo que dejaros, ya se me ha descargado el último recopilatorio de Bob Dylan y tengo que meterlo en mi mp4 para escucharlo mañana de camino al trabajo mientras leo en mi eBook "cincuenta sombres de Grey" que me pasó ayer mi amiga en un pen (formato ePUB, claro)...¡Mierda, putos niños! seguro que me han contagiado ellos.