Mamá, no quiero ser artista

  



  No entiendo los recitales de poesía (la verdad es que hay tantas cosas que no entiendo en este mundo, que no es de extrañar), pienso que la poesía es para leerla y que se clave en el cerebro hasta que te haga sangrar la nariz y no te quede más remedio que sorberte los coágulos  como los mocos cuando estás constipado. En el primer recital que estuve (de alguien que me gustaba mucho),  cuando había oído un par de poemas me di cuenta de que recitados éstos por su boca no sonaban igual que en mi mente cuando los leía, aquel tipo no para de hablar y hablar, entonando los versos como él los sentía,  pero claro, yo los sentía de otra manera muy distinta (y es que esto de la poesía es algo muy personal y complejo, una cosa es lo que el poeta siente al escribirla y otra lo que el lector siente y entiende al leerla) y a los quince minutos de estar allí en mi cabeza ya no había poesía,  sólo mi voz repitiendo una y otra vez -Por favor, que este tío cierre la puta boca de una vez-.


   No critico a los poetas que lo hacen, todo lo contrario, los respeto mucho y envidio esa facilidad de sentarse delante de decenas de personas y ascender sus poemas a la máxima expresión, pero yo no me veo haciéndolo. Quizás será porque no tengo madera de artista, huyo de las masas como del demonio (a la que hay dos personas juntas pienso que sobra una), tampoco sé recitar, y no es por una cuestión de timidez ni vergüenza (o sí), sencillamente prefiero que la gente lea mis poemas y que cada uno de ellos sea una bofetada del derecho y otra del revés en sus rosadas mejillas. 

   No tengo madera de artista, no me veo bañándome en masas ni con una imagen pública siendo tendencia mis opiniones, no creo ser capaz de abandonar  mi querido anonimato, de dejar de ser un NADIE cualquiera entre la multitud, un observador del mundo pillando in fraganti actitudes humanas para plasmarlas en mis letras, ¿y es qué los artistas son personas normales, son mortales igual que nosotros?, ¿se cortan al afeitarse y se ponen cuadraditos de papel para cortar el sangrado?, ¿dudan entre el papel higiénico de doble cara o el más barato cuando van al supermercado?, ¿escuchan a los Misfits o sólo al grupo de moda?, ¿en sus casa visten con sus pintas estrafalarias o van en bata y zapatillas cómo todo hijo de vecino?, ¿y si son personas normales y corrientes por qué nos empeñamos en idolatrarlos?, que curioso es el mundo del artista, pero lo tengo claro, no tengo madera para serlo.

   Puede que no sea más que un simple acto de cobardía, que no tenga el valor suficiente para plantarme delante de un grupo de personas que quieran escuchar mis poemas (o sencillamente es que no existen tales personas), y actuar con la naturalidad y elegancia que demuestran quienes si son capaces de hacerlo, y es que para ser artista hay que nacer siéndolo (si no has nacido siéndolo, olvídalo, lo único que conseguirás entonces es ser un producto artificial y prefabricado) y yo sencillamente llegué a este mundo para no dejar de ser NADIE.


Juan Cabezuelo