Cómo me cundía la peseta

de Juan Cabezuelo


   Aunque no os lo creáis,  desde hace unos catorce años más o menos soy incapaz de calcular o saber con exactitud cuanto dinero llevo encima, y es que creo que pertenezco a esa generación que se siente estafada con el euro. Desde que sacaron esa maldita unidad monetaria mi cerebro no consigue gestionar
bien el dinero y toda compra o cobro tengo que convertirlo mentalmente en pesetas, y claro, no doy para tanto.

   Antes sabía perfectamente cuanto dinero llevaba encima, y sobre todo para cuanto daba, y es que como dice mi vecina, con la peseta cundía más el dinero, pero después del redondeo todo se volvió más caro, aunque inconscientemente convertimos la moneda de cien pesetas en la de euro (sin darle importancia a la diferencia de coste que había entre una y otra) y las tiendas de "todo a cien" pasaron a ser tiendas de "todo a un euro" por ejemplo, y las cosas que antes comprábamos con doscientas pesetas se redujeron a la mitad pero parece que valen menos, y es que antes se te llenaba la boca diciendo que cobrabas ciento sesenta mil pesetas y ahora sólo mil euros (qué pobre suena). Mi vida la hipotequé por quince millones de pesetas para comprarme un piso, ¿pero cuánto costaría mi piso ahora? unos cuantos míseros de miles de euros, si es que no suena igual, da la sensación de que si lo vendo lo regalo, pero claro, los que se quieren comprar un piso hoy en día no disponen de esos míseros miles de euros ni de coña y también tienen que hipotecarse,  no sé,  es todo muy extraño.

  Si es que hemos perdido hasta parte del idioma con la pérdida de la peseta, que han sido de los motes que le dábamos como "perra gorda" y "perra chica", o "rubia", "pavos", "duros", "talegos" y demás expresiones variopintas que teníamos para referirnos a ella. Mi abuela las contaba en reales o por duros, yo por pesetas o por los nombres antes citados, y nos entendíamos perfectamente, pero ahora sólo hay euros, euros por aquí,  euros por allá, euros hasta en la sopa pero ninguno en nuestros bolsillos.

   Incluso físicamente son incomparables, por qué mira que era bonita la peseta,  te las podías encontrar de tres o cuatro modelos diferentes, las de color bronce, las plateados, las que eran casi minúsculas, las que estaban tan viejas que ni se veían... 
   También tenía mil y una utilidades, los niños las poníamos debajo de un papel y tachábamos encima con un lápiz para calcarlas o las dejábamos en la vía del tren para que éste las chafase (por cierto, ¿alguien consiguió alguna vez que el tren chafase alguna o era una leyenda urbana de la época?), la gente se hacía llaveros y cinturones, las usaban como arandelas para tornillos o equilibrar la mesita de noche, etc... 
   Y el cariño que la gente le tenía,  recuerdo que mi padre poseía una pequeña bolsa llena de pesetas antiguas que guardaba como un tesoro y enseñaba orgulloso a las visitas convencido de que algún día su valor se incrementaría  y nos sacarían de pobres (lo siento papá, tuviste un gran sueño pero seguimos siendo pobres, pero tranquilo que las sigo guardando, quizás tus nietos...).

  Tan sólo había una cosa que me extrañaba de la peseta, y es qué en el año dos mil todavía encontrabas pesetas con la cara de franco  rulando por las calles (¿pero en qué coño estaban pensando?), será que eran demasiados perezosos para retirarlas o era un mensaje subliminal para hacernos entender que tras la cortina de humo de la democracia seguían mandando los mismos.

   Me remonto al principio de este texto y vuelvo a repetirlo, con la peseta cundía más el dinero, o a lo mejor es que nos hemos vuelto demasiado "manorrotas" y le damos más importancia a los caprichos que a lo indispensable, cometiendo demasiados despilfarros en chorradas; quizás sobrevaloramos demasiado el valor y la necesidad del dinero y deberíamos darnos cuenta de que éste no da la felicidad (si, ya sé, pero ayuda a vivir más tranquilo un huevo), a lo mejor es que deberíamos probar de abolir el dinero he intercambiar nuestra producción y esfuerzo libre y gratuitamente (¡joder! que alguien le diga a los ricos que dejen de tirarse por la ventana, que era sólo una idea) o tal vez al gobierno (a todos y cada uno de ellos) se le debería caer la cara de vergüenza por el abuso y la inhumanidad que son capaces de demostrar en nombre del puto dinero. No sé, como he dicho antes, es todo muy extraño,  ¡pero... ostia mira tú!  una peseta en el suelo, voy a meterla en la bolsa junto con las de mi padre, a ver si el día de mañana sacan de pobres a mis hijos.