Necesidad de encontrar (o la crueldad de perder)

   

   
   Que curioso es perder algo, sobre todo cuando estamos seguros de que lo teníamos hace justo un momento, y de pronto hace "PUF" y desaparece mágicamente. 
   Primero viene el estadío uno, lo buscamos como quién no quiere la cosa, despacito, sin prisa y mucho menos con preocupaciones, total, si hace un momentito que lo teníamos en la mano, no puede estar muy lejos.
    Luego llega el estadío dos, empezamos a palparnos los bolsillos (aunque lo que estemos buscando tenga el tamaño suficiente como para violar todas la leyes físicas universales si estuviera dentro de uno de nuestros bolsillos) para ver si por casualidad lo hemos metido ahí dentro sin darnos cuenta, y metemos un dedo dentro, juguetónamente, que empieza a moverse compulsívamente  conforme nos vamos dando cuenta de que no está ahí dentro.
  El estadío tres viene acompañado ya de cierto nerviosismo e irritabilidad, se puede reconocer por el síntoma de empezar a abrir cajones, levantar cojines y preguntar a toda persona que se encuentre a nuestro alrededor -¿No lo habrás cogido tú, no?-.
   En el estadío cuatro empezamos a sentir y padecer un brote psicótico con ciertos grados de paranoia, manía persecutoria, inseguridad y miedo por un complot  hacía nosotros, nuestra cabeza se mueve de un lado hacia otro poniendo a prueba la capacidad de resistencia de nuestras cervicales, los ojos a su vez se mueven mucho más rápido que la cabeza, creando un conflicto de intereses que provoca cierta sensación de mareo y angustia y nauseas que acentúan aún más los síntomas de éste cuarto estadío, esta actitud va acompañada por la actividad de buscar por todas y cada una de las habitaciones de la casa, incluyendo cuarto de baño, cocina, terraza , lavadero y trastero (aunque haga meses que no pisamos uno de esos cuartos), también puede incluir el cesto de la ropa sucia , parking si se tuviera , debajo de la cama o las heces del perro, a todo esto se le suman comentarios tales como -¡Joder!, se que lo puse ahí-, o -Como lo haya cogido el niño, se va a enterar cuando llegue-, incluso si nos encontramos cerca del final de este estadío, podemos preguntarnos -¿No habrá entrado alguien a casa y se lo habrá llevado?-, estos síntomas nos llevan al último de los estadíos.
  El estadío cinco, el cual se reconoce por la desaparición de todos los síntomas anteriores, nuestro cuerpo se va relajando, el pulso y la tensión arterial vuelven a su ritmo normal, recuperamos pausadamente la frecuencia respiratoria de base, después de eso viene la curación de esta ficticia pero gravísima enfermedad, es entonces ( y solo entonces), cuando dedicamos unos minutos a intentar pensar con normalidad y raciocinio, dándonos cuenta que, a lo mejor, lo que hemos perdido puede que sea importante, pero no tanto como para amargarnos la vida, o puede que lo hayamos perdido un poquito queriendo, intentando huir o no responsabilizarnos de las consecuencias que pueda traer el poseerlo como propiedad, o quizás no es tan importante encontrarlo (o lo haremos cuando dejemos de buscarlo, es lo que se suele pasar ¿no?), o puede que, si lo pensamos con cierta calma, que esté mejor perdido, porque sencillamente, quepa la posibilidad de que nunca haya sido nuestro.


Juan Cabezuelo