Fragilidad

   


   Ayer compré unos huevos en el supermercado (una docena para ser exactos), venían en una de esas perfectas hueveras de cartón que los protege de todo golpe y movimiento, los metí en mi carrito, y después de pagarlos, los llevé a casa donde me dispuse a meterlos en el frigorífico, los estaba sacando de su envoltorio para depositarlos en el estante de la nevera reservado para ellos, cuando al coger uno, sin querer lo apreté más de la cuenta (supongo que como siempre, mi mente estaba completamente descordinada con mis movimientos) y este se rompió entre mis dedos, ese pobre huevo estaba allí, dentro de su magnifica huevera, creyendose indestructible, hasta que llegué yo para hacerle consciente de su error.
   Es curioso, pero las personas tenemos una existencia parecida a los huevos de supermercado, todos vivimos dentro de nuestras perfectas y maravillosas hueveras de cartón, todos  nos creemos indestructibles ahí dentro, nos autoengañamos de que ahí entro estamos seguros, hasta que llega el momento en que nos lo creemos realmente, y cuando vemos las desgracias de los demás (sobre todo si por nuestro trabajo, como es mi caso, vivimos rodeados de desgracias ajenas), respiramos aliviados pensando que eso nunca va a pasarnos a nosotros, pues nuestra huevera de cartón es la mejor del mercado (y hasta del mundo entero en "to" la zona) y va a protegernos siempre, así que... dormid tranquilos amiguitos.
   Pero llega un día en que sin darnos cuenta (y sobre todo sin quererlo y a veces hasta sin ser muy conscientes de ello), la vida, con sus torpes dedos nos saca de nuestra huevera en contra de nuestra voluntad, y sin querer nos aprieta más de la cuenta y en una milésima de segundo, nuestra existencia se agrietea y rompe en pedazos como la cascara de ese huevo que en el fondo todos somos, ya puede ser por un accidente, ya puede ser por el dolor de un amigo, por una mala decisión, por una perdida importante o simplemente, por una mala noticia, pero tarde o temprano nos vemos desposeídos de esa huevera y nuestra cáscara acaba hecha añicos con un efecto irrebersible, pues una vez rota, por mucho que lo intentemos y empeñemos en arreglar, nunca más volveremos a tenerla redondeada e impoluta como antes, podremos utilizar pegamento, silicona, plastificarla, atarla, usar cinta adhesiva o simplemente inflarnos a antidepresivos, pero esa cáscara rota ya no volverá a ser la misma, o por lo menos estoy seguro de que yo, no voy a volver a ser el mismo.

Curiosa la fragilidad del ser humano ¿verdad?.


Juan Cabezuelo