Ser "algo" en la vida

   


   Mi padre pertenecía a esa generación de hombres con miradas duras bajo espesas cejas y poblados bigotes que no dejaban ver el labio superior, esa generación de hombres rudos que pensaban que todo se arreglaba con "una torta bien dá a tiempo" o que "la letra con sangre entra", y otras diversas y divertidas expresiones de la época rancia de la España profunda. Pero la que más me atraía era la expresión "llegar a ser ALGO en la vida",
toda la obsesión de esos padres (nuestros padres) y supongo que influenciada por la de nuestros abuelos y así sucesivamente, era que su hijo o hija llegase a ser algo en la vida. Cada trimestre, cuando me tocaba enseñar las notas en casa (comprobando mi ortografía ya habréis podido imaginaros que clase de estudiante era) después de la grandísima bronca me tocaba escuchar la famosa frase, siempre expresada en forma de pregunta sin respuesta -¿Es que no quieres llegar a ser algo en la vida?-, por mucho que me esforcé en aquella época, nunca conseguí entender a que se referían con aquella expresión, yo ya era algo en la vida (o eso me creía), era su hijo, era un niño al que le gustaba más corretear por los barrizales y escampados del barrio de la Verneda que el colegio, y como estaba obligado a ir al dichoso colegio me convertía en estudiante (malo, pero estudiante, que no es lo mismo que estudioso como decía mi abuela), y también era todo aquello que le apeteciese a mi imaginación según el momento, entonces... ¿qué más querían que fuese en la vida?.
   Hoy en día soy yo el padre de un mal estudiante (que bellas son las tradiciones familiares ¿verdad?), y cada vez que mi hijo se pone delante mío con su boletín de notas y cara de poker (bueno, boletín era en nuestros tiempos, ahora es un folio mal fotocopiado), me viene a la cabeza la voz de mi difunto padre con su dichosa frasecita, y aún hoy no consigo entender que es "ser algo en la vida". 
   ¿Por qué nos empeñamos en darle más importancia a unos trabajos más que a otros? es muy curioso, verdad, un cirujano siempre va ha estar mejor considerado que una mujer de la limpieza, claro, el cirujano salva vidas y la mujer de la limpieza solo friega suelos, me diréis muchos, pero si esa mujer de la limpieza no fregase de arriba a abajo el quirófano entre intervención e intervención, ese cirujano no podría seguir operando, si el personal de la lavandería no hubiese lavado el uniforme, ese cirujano no podría operar (quedaría un poco raro verlo operar en tejanos). Y he puesto estos ejemplos como podría haber puesto otros, notarios y transportistas, abogados y administrativas, etc.
   En nuestra naturaleza está el crear pirámides mentales donde ponemos en la punta a quien nos han enseñado que es el más importante y abajo de todo a los denominados "curritos" (bendita educación),
cuantas veces habremos escuchado decir "¿es que quieres acabar en el Mcdonals vendiendo patatas fritas?" o "sigue así y acabarás fregando portales", ¿acaso no es importante que los portales estén limpios?. Como dice Mateo Costa Navarro, si en el mundo hay una pequeña minoría rica y una gran mayoría pobre, y estos pobres no acaban con los ricos, es porque nos han educado de pequeños a envidiarlos y a querer ser uno de ellos cueste lo que cueste, y si acabamos con ellos nunca llegaremos a cumplir esa misión.
   Por mi parte tengo muy claro que en la vida por una parte he llegado a ser lo que quiero, padre de tres bestias pardas de las que me enorgullezco, pareja de la mejor mujer del mundo (también es curioso, el mundo está lleno de mejores mujeres del mundo, quizás debería reflexionar sobre eso); por otra parte he llegado a ser lo que he podido, mal escritor y peor poeta, y tengo un trabajo que sin ser el mejor del mundo, tampoco es de los peores (esos también los he sufrido en mis carnes). 
   Así que cada vez que uno de mis hijos me venga con malas notas, intentaré razonar con él (o ella) para hacerle entender lo importante de tener una buena educación (tanto dentro como fuera de la escuela), intentaré razonar con ellos para que entiendan que el mundo puede ser más duro o menos duro (según como se mire)  según la profesión a la que puedan acceder en el futuro, y mil milongas más de esas que soltamos los padres para aparentar que somos eso, padres, porque de sobras sabemos que nuestro hijos e hijas siempre serán algo en la vida, por muy malos estudiantes que sean, por muy mal carácter que tengan, por muchos tatuajes y pendientes que se pongan en distintas partes del cuerpo, por mucho que hagan y dejen de hacer, siempre y nunca dejarán de ser las personas más importantes de nuestras vidas.


Juan Cabezuelo