Maldita crisis de los cuarenta



   Hoy un síndrome diarreico ha decidido ser mi fiel compañero desde que me he levantado, algo muy común en las personas nerviosas que padecemos algún tipo de estrés en nuestra vida (o sea, el 77,03% de la población adulta de este país(la estadística me la he inventado yo para que mole más)), pero no me importa, hace un día precioso, el sol brilla, unas esponjosas y hermosas nubes cruzan el cielo y yo me debato entre seguir aquí sentado o acercarme más a algún water en zona amiga.
   Esto no me pasaba de joven, cuando era chaval tenía el don de creer que iba a comerme el mundo, ahora se me indigesta con mayor facilidad, y es que no llevo muy bien eso de acercarme a los cuarenta (más que acercarme son ellos los que vienen a toda ostia hacia mí sin miramientos), y es que desde hace unos días no puedo quitarme este pensamiento de la cabeza_"joder Juanito, que en nada eres un cuarentón"_, supongo que esto es lo que llaman la crisis de los cuarenta, de chaval me parecía una tontería cuando oía hablar de ello, pero ahora que estiro la mano y los toco, lo veo todo de otra manera, ahora soy consciente de que las cosas que se me han quedado en el tintero, ahí se quedarán para siempre; y es que cuantas cosas queremos hacer de jóvenes y cuantas se nos quedan por hacer, y no os confundáis, soy muy feliz con mi vida, tengo una mujer que me quiere y soporta con gran paciencia todas mis extrañeces y extravagancias, tengo tres hijos que son el orgullo de esta humilde existencia mía y bueno, hoy en día tengo el trabajo donde más realizado me siento de todos los que he tenido, pero... tanto ha quedado atrás que no voy a recuperar; tenía la idea de viajar por el mundo, pero no de vacaciones como esa panda de guiris gilipollas que vienen aquí con sandalias y calcetines a comprarse sombreros mexicanos, queria ver el mundo como es realmente y empaparme de experiencias, situaciones y variedades para enriquecer mis textos, pero hoy en día lo más lejos que he llegado ha sido al pueblo de mi abuela; mi primer sueño fue ser dibujante, me pasé toda mi adolescencia dibujando como un loco, gasté miles de lápices y me salió un horrible callo en el dedo corazón, lo hacía realmente bien, pero al empezar a trabajar las horas de dibujar se fueron reduciendo a minutos y luego esos minutos desaparecieron sin dejar rastro y creerme, no es como montar en bici, cuando dejas de hacerlo, se acabó; trabajar trajo algo bueno, el poder adquisitivo, y con el me hice con una cámara fotográfica para realizar otra de mis grandes pasiones, la fotografía, estudié, hice cursos, aprendí a revelar y disparé y gasté muchos carretes, me encantaba la fotografía (y lo sigue haciendo) pero el tiempo se redujo aún más, más horas de trabajo, de responsabilidades y de consumo equivalían a menos horas dedicadas a la fotografía, y como el coste de la vida subía trepidantemente y nuestros sueldos se estancaban eternamente, pues el placer de fotografiar se volvió un gasto a reducir (mi querida Nikon f60 ¿que habrá sido de ella?). Escribir ha sido lo único que ha perdurado en mi tiempo, con un simple lápiz y un trozo de papel ya puedes tirar millas, y aunque la falta de tiempo siempre estrangule, de vez en cuando se pueden escapar algunas lineas para alegrarte el día. No se cuantas libretas llenas de poemas habré tirado a la basura a lo largo de mi vida (que gran archivo resulta ser el vertedero de la ciudad), a la que leo algo mío un par de veces me gusta tan poco y me da tanta vergüenza haber escrito esa porquería que acabo tirándolo todo, por eso no miro mucho mi blog, porque a la que lo hago un par de veces, me dan ganas de eliminarlo, se que algo falla en mi escritura (y no me refiero a los errores ortográficos, que ya se que le meto cada paliza al diccionario que lo dejo fino), hay algo que no es como debería ser, me leo a mí mismo y me digo_"no, no es así como tiene que ser",_se que nunca voy a ser un grande, se que mi estilo (¿pero lo tengo?) deja mucho que desear, se que nunca llegaré a ver mis letras impresas en papel encuadernado, y que ni me acerco a la palabra poeta, pero bueno, estuvo bien soñar de joven, todos los jóvenes deberían tener lindos sueños, lo malo es tener que despertar después, y llegado a este punto, puede que los cuarenta sea una buena edad para hacerlo, para despertar y ser consciente de que los cuentos de hadas, no siempre tienen finales felices.



Juan Cabezuelo