El tiempo



   Nunca he sido un gran poseedor de bienes materiales, incluso a estas alturas se me podría considerar casi un desposeido, tuve una furgoneta que una avería demasiado costosa para mi situación económica me arrebató hace bastantes años, tuve un piso que se quedó mi exmujer, tenía un coche (un viejo seat ibiza que me dió mi hermano), pero un hipster el otro día decidió estamparse contra mí y dejarlo siniestro en plena Gran Vía, y tengo un ordenador que me han conseguido un par de colegas, una especie de Franckenstein que hicieron con piezas viejas y otras robadas del trabajo; lo dicho, nunca he sido un gran poseedor de cosas, pero una de mis propias pertenencias que más, aprecio es mi tiempo, me encanta mi tiempo, necesito tener mi tiempo, pero como a Joaquín Sabina con su mes de abril, ¿quién me ha robado mi tiempo?, todo empezó hace algunos años, en esa época yo disfrutaba de mi tiempo, tiempo para hacer todo lo que me venía en gana, pero fue empezar a trabajar y ¡¡¡puff!!!, se jodio el cuento de hadas.
   Odio trabajar, y no es que sea un vago, o por lo menos yo no me lo considero, y además me encanta mi trabajo (puta paradoja ¿verdad?), pero,odio trabajar y todo lo que implica, antes de ir a trabajar, ese tiempo ya le pertenece al trabajo, nos levantamos, desayunamos y nos preparamos para ir a trabajar, luego viene el tiempo del transporte para llegar al centro de trabajo, luego viene el trabajo en si, tiempo,en que no se nos permite ser nosotros mismos, tenemos que hacer tareas encomendadas, estres y rutina, comer deprisa y corriendo de grasientos tuppers, luego más tareas obligadas, y cuando llega el fin de jornada y nos creemos libres, nos queda la vuelta a casa (tiempo que no nos pertenece pues no es voluntario en si, si no consecuencia del tener que ir a trabajar, este tiempo le pertenece tanto a la empresa, que incluso lo tenemos asegurado por la mutua laboral). Una vez en casa, ya sea de fin de semana o de vacaciones, nos afanamos tanto por disfrutar de ese tiempo libre que inconscientemente no nos damos cuenta que ese tiempo tambien le pertenece al trabajo, pues nuestra mayor obsesión es pasarlo bien para olvidarnos del trabajo, estando así pensando en este continuamente.
   Yo creo que soy dueño de mi tiempo durante una hora y media (tal vez dos según el día), gobernado este tiempo por el cansancio físico y mental por consecuencia del trabajo (osea, que tampoco me pertenece), y llegado a este punto me doy cuenta de que me han robado mi tiempo, pues no tengo el suficiente para hacer todo lo que necesito, lo dedico a escribir no puedo leer, si leo no puedo mirar ninguna película, si miro una película no puedo escuchar música, y al final intento hacer un poco de todo quedando todo en un jodido mucho de nada.

  ¡¡¡Joder!!! ¿por qué coño tuve que leer a Bob Black?.



Juan Cabezuelo